Pink

AFP

Celebridades como la tenista Ashleigh Barty, después de Nicole Kidman y Pink, se movilizaban este domingo haciendo colectas de fondos o donaciones para los bomberos y las víctimas de los incendios que asolan Australia y causaron ya 24 muertos.

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Este domingo, tras una jornada de fuegos particularmente violenta, las temperaturas más bajas y lluvias daban una tregua en ciertas zonas de los estados de Victoria y Nueva Gales del Sur.

Pero en las ciudades balnearias de la costa Este el cielo se volvió negro y llovieron cenizas, y las grandes ciudades se ahogaban bajo una nube de humo.

Diversas personalidades también han prometido o recaudado millones de dólares para apoyar a los bomberos y a las comunidades afectadas por los incendios.

La actriz Celeste Barber lanzó un fondo común en Facebook para ayudar a los bomberos, que ha recaudado en 48 horas 25 millones de dólares australianos (15,5 millones de euros) de donaciones de todo el mundo.

La número 1 mundial del tenis, la australiana Ashleigh Barty, anunció que donaría lo que gane en el torneo de Brisbane a la Cruz Roja para ayudar a las víctimas de los fuegos. Sus ingresos pueden ser de hasta 250.000 dólares estadounidenses (unos 225.000 euros).

La cantante estadounidense Pink tuiteó el sábado que había donado 500.000 dólares, la misma cantidad que la actriz australiana Nicole Kidman. "El apoyo, los pensamientos y las oraciones de nuestra familia están con todos los afectados por los incendios en Australia", escribió la actriz en Instagram.

El sábado, cientos de propiedades fueron destruidas y un hombre murió cuando intentaba salvar la casa de un amigo en unas condiciones extremas, entre las peores desde el comienzo de los incendios en septiembre.

Cerca de 200 incendios seguían activos este domingo, a menudo fuera de control, aunque pocos necesitaron activar los avisos de emergencia, en un momento en el que las temperaturas comenzaban a bajar.

Millones de australianos se vieron afectados en el sureste, la parte más poblada de la isla continente, por esta catástrofe que las autoridades no logran contener desde hace meses, que ya ha arrasado una superficie equivalente al doble de Bélgica y ha causado 24 muertos, incluidos tres bomberos.

Los incendios son comunes en Australia en la primavera y el verano. Pero este año se adelantaron y son más violentos, en particular debido a condiciones más propicias por el calentamiento global.

"Estamos en territorio desconocido", declaró Gladys Berejiklian, la primera ministra de Nueva Gales del Sur, cuya capital es Sídney. "No podemos pretender que esto sea algo que hayamos vivido antes. No lo es", dijo.

Se declaró el estado de emergencia en el sudeste del país, la región más poblada, y el viernes se ordenó la evacuación de más de 100.000 personas en tres estados.

Muchas comunidades todavía estaban amenazadas el domingo por incendios fuera de control, en particular la ciudad de Eden, en Nueva Gales del Sur, cerca de la demarcación con Victoria.

"La visibilidad se redujo a menos de 50 metros y había escombros que caían del cielo, sobre todo ceniza blanca", contó a la AFP John Steele, de 73 años, quien el sábado fue evacuado con su esposa de su propiedad al norte de Eden. "El cielo todavía está rojo".

En Cooma, más en el interior, además de los incendios, hubo una inundación cuando una gran torre de agua que contenía 4,5 millones de litros se derrumbó, causando una avalancha de lodo en algunas casas.

Dada la magnitud de la crisis, el primer ministro Scott Morrison pidió el sábado el despliegue de 3.000 reservistas militares para ayudar a los bomberos y voluntarios extenuados.

Barcos de la marina y helicópteros de combate ya habían sido movilizados el viernes para realizar la mayor evacuación desde la Segunda Guerra Mundial en Australia: en Mallacoota (estado de Victoria) 4.000 personas se vieron atrapadas en la costa por los incendios que cercaban la ciudad.

La reina Isabel II se declaró "profundamente triste" por los fuegos y dio las gracias a los servicios de emergencia "que pusieron su propia vida en peligro" para ayudar a la población.

Miles de personas fueron desplazadas, como Noreen Ralston-Birchaw, de 75 años, que en Nochevieja perdió su casa de Mogo, a un centenar de kilómetros al sureste de Canberra.

"En este momento, no deseo volver para ver mi casa convertida en cenizas", confesó a la AFP.

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