Coronavirus: No todos lamentan el encierro

AP - DEEPTI HAJELA

En cuestión de días Vicktery Zimmerman había aprendido a conectarse con amigos y familiares a pesar de que ella y su marido estaban confinados en su casa de Chicago.

Están las llamadas con FaceTime. Ya arregló para ver una película con una pareja amiga (a la distancia, desde ya). Planea organizar juegos a través de la internet. Lo que sea para que esta mujer de 30 años especialista en relaciones públicas y altamente extrovertida pueda seguir funcionando, como dice ella.

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A su esposo Justin Zimmerman, de 32 años, todo esto le resulta desconcertante.

“Ahora todo el mundo nos llama a cada rato para decirnos ‘hola’”, comentó entre risas este estudiante para un doctorado. “Yo pienso, ‘no tienen que hacer eso realmente’”.

El encierro para evitar la propagación del coronavirus ha alterado muchas normas, incluidas la de salir de la casa, reunirse con amigos y tener contactos sociales constantes, con el empleado del bar de la esquina y el vendedor de la tienda de comestibles, por ejemplo.

Pero incluso antes de la pandemia, había gente a la que todas estas cosas les resultaba una carga más que un placer: Los introvertidos, que están bien consigo mismos y son selectivos en sus contactos con la gente.

Las cuarentenas y el distanciamiento social cambiaron todo. En cierto sentido, son un alivio para quienes ahora no tienen que buscar excusas para no salir de su casa y un suplicio para los extrovertidos que necesitan el contacto con otros.

Eric Bellmore, un extrovertido, le gritó un saludo a alguien con quien se cruzó de lejos mientras corría por un parque cerca de su casa.

“Es sorprendente lo importante que es para mí estar con otros”, expresó Bellmore, de 47 años, que trabaja en tecnología de la información en Mount Pleasant, Michigan.

“Los otros días mi esposa me dijo: ‘Para alguien como tú, esto debe ser una pesadilla’”.

No para David Choi, músico de Los Ángeles de 34 años muy introvertido a pesar de que su profesión le exige hacer contactos y estar con gente.

La cuarentena, comentó, “te da una excusa para permanecer en tu casa, que es lo que quería hacer para empezar”.

En términos generales, los extrovertidos siempre han sido bien vistos y los introvertidos son considerados medio extraños, según Lisa Kaenzig, la extrovertida decana del William Smith College.

Dice que ha estudiado a los estudiantes introvertidos por años, pero que el coronavirus cambió muchas de sus impresiones.

Si bien todo el mundo siente ansiedad y alarma por el virus, la orden de confinamiento que limita el contacto social ha sido una buena noticia para los introvertidos con los que habló.

“El mundo es un lugar más apacible para ellos en estos momentos. Se adaptan mucho más rápido”, manifestó.

Un introvertido con el que habló sufría pensando en que algún día se acabará la cuarentena y tendrá que volver a entrar en contacto con la gente. Y con un montón de extrovertidos que sentirán el impulso de dar abrazos después del encierro.

Algunos introvertidos, no obstante, extrañan rituales como sentarse en un café.

A Jackie Aina le gusta hacerlo para romper un poco la monotonía de trabajar desde su casa. Es una maquilladora que crea contenido para la internet y trabaja mayormente en casa.

“Ir al café es un buen cambio de ambiente. Me gusta sentarme y ver lo que pasa a mi alrededor”, dijo Aina, de 32 años, de Los Ángeles. “Ahora ya no puedo controlar eso. No depende de mí la decisión de quedarme en casa”.

La presencia de introvertidos y extrovertidos en una casa ahora que deben permanecer encerrados plantea el desafío de aprender a convivir.

Los extrovertidos encuentran la forma de hacer muchas cosas a la distancia. Videollamadas relacionadas con el trabajo o los estudios, o incluso para charlar durante el almuerzo. Contactos permanentes con los seres queridos a través del teléfono o de la computadora, a veces ante la perplejidad de la persona con la que viven.

Jackie Hardt, de 34 años, de Buffalo, estado de Nueva York, está usando videollamadas para tomarse un café o almorzar con amigos. Cuenta que su esposo, un introvertido, no le ve ningún sentido a eso.

“A él le costaría mucho compartir un trago o un café en forma virtual”, expresó. “Él no tiene problema alguno si no ve a sus amigos hasta que esto se termine. A mí me costará mucho más”.

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