Libaneses reclaman investigación independiente de explosión

AP

La investigación judicial de la explosión en el puerto de Beirut ha comenzado con disputas políticas sobre quién la encabezaría, amenazas de encarcelar a los filtradores de información y dudas de si un panel nombrado por las sectas sería plenamente imparcial.

Por eso, para muchos libaneses, la mayor esperanza de un esclarecimiento verosímil de la explosión que arrasó buena parte de su capital radica en que la haga gente de afuera. Familiares de las víctimas y sobrevivientes de la explosión pidieron el viernes al Consejo de Seguridad de la ONU que realice una investigación internacional. Otros confían en la policía forense francesa, que se ha sumado a la investigación, y a los agentes del FBI, que se espera lo harán en próximamente.

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“No somos abogados ni políticos, somos familias y gente, apelamos a la comunidad internacional”, dijo el sobreviviente Paul Najjar. “¿Es aceptable hoy que la gente encuentre sus hogares destruidos, sus familias muertas, sus esperanzas y sueños también muertos, sin justicia, con toda impunidad?”

Los franceses han iniciado su tarea, con buzos que se sumergen en el cráter submarino, toman muestras de explosivos y preparan recomendaciones para magistrados tanto franceses como libaneses. Entre los agentes franceses hay hombres y mujeres que respondieron al tsunami de 2004 en Japón, el terremoto de 2010 en Haití y los ataques terroristas de 2015 y 2016 en Francia.

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La explosión de Beirut está en la encrucijada de un accidente desastroso y la escena de un crimen. Aún no se sabe cuál fue el origen del incendio que detonó casi 3.000 toneladas de nitrato de amonio almacenadas durante años en el puerto de Beirut, vecino a zonas residenciales densamente pobladas. Los más altos funcionarios de gobierno y de la seguridad estaban al tanto de esas reservas, de acuerdo con documentos que salieron a la luz recientemente.

Cuadrillas de búsqueda y rescate de diversas partes del mundo llegaron en los días subsiguientes y se encontraron con una escena conocida y a la vez extraña.

“En un terremoto es más fácil, porque comprendemos... cómo se mueve, pero en este caso no teníamos elementos suficientes para comprender qué sucedió”, dijo Alberto Boanini, miembro del equipo italiano de rescate. Éste ha conocido muchos temblores e incendios forestales, pero nada parecido al siniestro en el puerto de Beirut, donde es difícil determinar la causa de la destrucción total.

Muchos libaneses quieren que su gobierno no se ocupe de la investigación: saben por larga experiencia que las facciones políticas arraigadas, célebres por su corrupción, jamás permitirán que salgan a la luz conclusiones perjudiciales para sus dirigentes. La explosión dejó más de 175 muertos, 6.000 heridos y decenas de miles sin techo.

París envió a la policía judicial porque entre los muertos había un arquitecto francés, y la ley francesa les autoriza a participar de una investigación cuando un ciudadano suyo muere en circunstancias dudosas, pero han llegado por invitación de los libaneses y sus órdenes son confidenciales.

Los agentes franceses dicen que tienen todo el acceso que necesitan, pero no aclaran si eso incluye interrogar testigos o pedir documentos. Entregarán un informe a los libaneses, del cual conservarán una copia idéntica. El FBI también se sumó por pedido de las autoridades libanesas.

El presidente Michel Aoun y otros altos funcionarios han rechazado los reclamos de una investigación independiente, que consideran una “pérdida de tiempo” e insinúan que sería politizada. Sin embargo, Nada Abdelsater-Abusamra, una abogada de las víctimas, dijo que enviaron una carta al Consejo de Seguridad de la ONU para pedir una investigación internacional.

En su última decisión antes de renunciar, el gobierno del primer ministro Hassan Diab remitió el caso al Alto Consejo Judicial, la máxima autoridad judicial del país.

Sobrevino una discusión con el ministro de Justicia sobre quién debería encabezar la investigación. Después de una disputa pública, nombraron al juez militar retirado Fadi Sawwan.

El consejo está integrado por 10 personas, ocho de las cuales son designadas de acuerdo con los intereses de las diversas facciones políticas y sectas religiosas bajo el sistema de poder compartido.

Las autoridades han arrestado a 19 personas, entre ellas el jefe de la Aduana, su predecesor y el jefe del puerto.

La gente quiere que se investigue a todos los altos funcionarios que estaban al tanto del nitrato de amonio almacenado.

“Echarán la culpa a los peces chicos y los verdaderos responsables del crimen quedarán impunes, eso es lo que sucederá”, dijo Jad, un ingeniero informático de 38 años que se negó a revelar su apellido porque su empresa le prohíbe hablar de política.

“Si esta vez no se hace una investigación seria y confiable que conduzca al castigo de todos los responsables de este desastre, entonces adiós a Líbano. Nadie querrá seguir viviendo en este país”, dijo, contemplando el puerto arrasado desde un puente.

El forense Omar Nachabe dijo que las riñas públicas en torno a quién encabezará la investigación son una mala señal que ponen en duda la credibilidad de una investigación local.

“Si soy un ciudadano libanés, mi capital ha sido destruida. Quiero una investigación rápida y seria, pero el gobierno no ha demostrado hasta ahora estar a la altura de la tarea”, dijo al canal LBCI.

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