El Big Ben, puntualmente sacado de su silencio por obras

AFP

El Big Ben, puntualmente sacado de su silencio por obras, tocará once campanadas y, una hora antes de la medianoche del jueves, el Reino Unido cortará definitivamente sus lazos con la Unión Europea poniendo fin a 48 años de agitada relación.

"Es un momento increíble. Tenemos nuestra libertad en nuestras manos y depende de nosotros aprovecharla al máximo", dijo Boris Johnson en un discurso de fin de año difundido horas antes de esta histórica salida.

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Tras haber tomado las riendas de un caótico Brexit en julio de 2019, el controvertido primer ministro se apunta una importante victoria personal.

Su ejecutivo incluso evitó un sobresalto de última hora, logrando el jueves un acuerdo con el gobierno español para mantener abierta la frontera con Gibraltar, el pequeño enclave británico en el extremo sur de la península Ibérica.

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Pese al Brexit, "el Reino Unido sigue siendo nuestro vecino pero también nuestro amigo y aliado", afirmó por su parte el presidente francés, Emmanuel Macron, en su mensaje de fin de año, atribuyendo este divorcio a "muchas mentiras y falsas promesas".

Tras años de caos y enfrentamiento político, el Reino Unido salió oficialmente de la UE el pasado 31 de enero, poniendo en práctica lo que los británicos decidieron por 52% de votos en un controvertido referéndum en junio de 2016.

Pero, durante once meses el país estuvo en un "período de transición" durante el cual siguió aplicando las reglas europeas mientras negociaba su futura relación con sus 27 exsocios.

La negociación, que en varias ocasiones pareció destinada al fracaso, acabó dando frutos el 24 de diciembre: Londres y Bruselas cerraron el tratado de libre comercio más completo y exhaustivo posible en el plazo récord de diez meses.

Con él, la UE ofrece un acceso inédito sin aranceles ni cuotas a su inmenso mercado de 450 millones de consumidores a cambio del compromiso británico de respetar normas que evolucionarán con el tiempo en materia de medioambiente, derechos laborales y fiscales, para evitar toda competencia desleal.

Esto evitará que a las 23h00 (locales y GMT), medianoche en la Europa continental, se instale el caos en las fronteras británicas, sus puertos se vean bloqueados por la acumulación de cargas sometidas a trámites aduaneros y el Reino Unido sume la escasez de productos a la tristeza de un tercer confinamiento provocado por un fuerte resurgimiento del coronavirus.

Sin embargo, pese al acuerdo, la burocracia aumentará y en Dover, principal puerto británico en el canal de la Mancha, se mezclaban esperanza e inquietud.

"Será mejor, debemos autogobernarnos y ser nuestros propios jefes", decía a la AFP Maureen Martin, una inglesa jubilada, mientras Kirk Hughes, empleado informático, reconocía sentirse "un poco nervioso" ante la potenciales perturbaciones.

En la estación internacional de St Pancras en Londres, a la llegada del último tren de alta velocidad procedentes del continente, los sentimientos eran muy distintos. "De algún modo tienes un poco la impresión de perder algo como ciudadano europeo", decía el francés Boris Dromard, de 43 años, que vive desde hace cinco en el Reino Unido.

Debido a la pandemia no habrá festejos. Solo el Big Ben, la inmensa campana situada en una torre del Parlamento británico, en restauración desde 2017, que saldrá de su silencio para tocar las campanadas de Nochevieja, sonará también una hora antes, en el marco de las pruebas destinadas a comprobar su mecanismo.

Los desafíos son ahora considerables para el gobierno de Johnson, que ha prometido dar al Reino Unido un nuevo lugar en el mundo.

Sin embargo, está a punto de perder un poderoso aliado con la salida de Donald Trump, partidario del Brexit que será reemplazado en la Casa Blanca por el demócrata Joe Biden, más europeísta.

A nivel nacional, el ejecutivo conservador deberá esforzarse por reunificar a británicos, divididos por un Brexit contra el que habían votando tanto Escocia como Irlanda del Norte.

"Dejamos un asiento vacío en la mesa de Europa" pero "no estará vacío mucho tiempo", amenazó el miércoles el diputado independentista escocés Ian Blackford, cuyo partido, el SNP, exige un nuevo referéndum de autodeterminación, tras el perdido en 2014, con la esperanza de poder reintegrar la UE como Estado independiente.

Desde su entrada en 1973 en la Comunidad Económica Europea, la relación de los británicos con el bloque ha estado marcada por los conflictos.

Más interesado por la integración económica que política, Londres rechazó en 1985 participar en los acuerdos de Schengen y en 1993 en la moneda única. Y pidió contribuir menos al presupuesto común.

Ahora la UE pierde a su primer miembro y con él 66 millones de habitantes y una economía de 2,85 billones de dólares. Y gana el temor a que otros populistas se vean tentados con seguir el ejemplo.

Pero, libre de los frenos británicos, podrá seguir trabajando en su proyecto de mayor integración política.

"Ha sido un largo camino. Es el momento de dejar atrás el Brexit. Nuestro futuro se construye en Europa", afirmó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

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