Un gran festival electrónico pone a prueba la apertura saudí

AFP

Presentado como la mayor fiesta de Oriente Medio, el festival de música electrónica MDL Beast recibió el pasado fin de semana a miles de personas que bailaron a un ritmo desenfrenado en uno de los países más improbables: Arabia saudita.

Se trata de un evento único en la historia del reino donde los conservadores consideraban, hasta hace poco, que la música era un pecado, pero donde el príncipe heredero Mohamed bin Salmán está llevando a cabo una campaña de modernización derribando un tabú detrás de otro.

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Descrito como el 'Woodstock saudita', este festival no solamente reunió un buen elenco de DJs internacionales, sino que puso a prueba los límites de la revolución cultural que arrasa en el reino.

En un pedazo de desierto cerca de Riad, transformado en lo que parece una discoteca al aire libre, muchachas desprovistas de velo y a veces de su largo traje negro bailaban sin parar junto a muchachos, mientras una joven en body se contoneaba sobre una cuerda en una jaula con forma de balón.

En un país que desaprueba la diversidad y que impone un código de vestimenta austero, una piscina de cristal suspendida en el aire era el escenario donde cuatro bailarinas acuáticas ofrecían un espectáculo de natación sincronizada vestidas con prendas ajustadas.

El año pasado, el jefe de la General Entertainment Authority (órgano gubernamental encargado del entretenimiento en el reino, GEA) fue despedido tras una serie de protestas contra un espectáculo de circo en el que aparecieron mujeres vestidas con vestidos ajustados.

"Hemos crecido con los mutawa (policías religiosos) que nos decían que un hombre de bien no se va de fiesta ni escucha música", recuerda Saleh Al Najar, un informático de 30 años, que afirmá que ahora "todo ha cambiado".

El festival forma parte de lo que los observadores llaman la terapia de choque cultural del príncipe Mohamed, que parece determinado a hacer entrar al reino conservador en la modernidad.

Cada vez más, numerosas tiendas y restaurantes de Riad desafían abiertamente la orden de cierre de los negocios durante la oración, incluso cuando la policía religiosa, cada vez más impotente, exhorta a los viandantes a entrar en las mezquitas.

Según responsables occidentales, el gobierno está considerando incluso la posibilidad de autorizar el alcohol en algunas zonas de expatriados, como el barrio diplomático de Riad, donde están las embajadas extranjeras.

Se trataría, según ellos, de un test para ver si extienden la medida a otras zonas turísticas.

Las autoridades niegan con contundencia estas informaciones, pero expertos afirman que la política turística del reino podría debilitarse si no sigue el ejemplo de los vecinos Baréin o Dubái, que permiten el alcohol en algunos lugares.

"La lucha contra el extremismo pasa por una apertura extrema", estima Murtada Al Abawi, de 30 años, un conductor que está a favor de los cambios culturales.

Pero no todo el mundo está de acuerdo. El mes pasado, un yemenita hirió a cuatro artistas españoles durante un espectáculo teatral en Riad.

"No solamente los islamistas critican la política de entretenimiento", opina Quentin de Pimodan, un especialista en Arabia Saudita del grupo de reflexión Institute for European and American Studies.

"Parece que hay una comunidad de justicieros autoproclamados en línea, deseosos de proteger los valores sauditas", agregó.

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