AP

Indígenas panameños participan este miércoles en un intento por preparar el patacón más grande del mundo, una iniciativa con la que se busca establecer un récord Guinness y llamar la atención de las olvidadas comunidades aborígenes de Panamá.

El patacón o tostón, como se le llama en otros países latinoamericanos, se hace del plátano verde o recién cosechado. Al fruto se le quita primero la cáscara y se lo fríe en pedazos, luego se saca y se lo machaca para pasarlo nuevamente por la sartén u olla en aceite caliente.

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La comunidad del grupo emberá en Ipetí, a unos 60 kilómetros al este de la capital, es el escenario para el reto panameño, que coincide con el Día Mundial de la Alimentación: cocinar un patacón de 220 libras (100 kilos) y de 3,5 metros de diámetro. Un oficial de los Récords Mundial Guinness estará presente para certificar la marca.

“Nadie ha tratado de hacerlo y es parte de nuestra comida tradicional”, dijo Sabrina Naimark, creadora del proyecto y que dirige una empresa de responsabilidad social -Impacta- involucrada en la iniciativa. “Se busca unir al país por un rato y crear conciencia sobre los pueblos indígenas”, agregó.

Para el desafío del miércoles, se utilizarán 1.150 plátanos, varios galones de aceite y una olla gigante.

Los plátanos fueron sembrados y cosechados por la comunidad emberá en Ipetí en el Alto Bayano y la actividad será aprovechada por los originarios para exhibir su cultura, sus danzas y artesanías.

Los emberás son uno de los siete grupos indígenas en Panamá, donde los aborígenes representan el 11% de la población total del país, de más de cuatro millones, y es el segmento más golpeado por la pobreza. El 70% de los emberás, por ejemplo, viven en la miseria, según estimaciones oficiales.

“Tenemos mucha riqueza cultural, tenemos mucha riqueza espiritual y ambiental que necesitamos compartir y enseñar”, dijo a The Associated Press Sara Omi, autoridad tradicional del Congreso General Emberá de Alto Bayano y una de las impulsoras de la iniciativa junto a Impacta.

“Nuestro territorio de Alto Bayano está siempre invisible, no siempre llegan personas de afuera o de las instituciones de gobierno; llegan a explotar nuestro territorio”, señaló. “Nuestros abuelos cedieron nuestras mejoras tierras. Tenemos 45 años de estar asentados en el territorio y ese desarrollo no llega. Necesitamos tener su atención para erradicar la pobreza, tener una educación y salud de calidad”.

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