ver más
Telemetro
Proyecto India Internacionales -  30 de julio de 2012 - 17:09

Guiñando el ojo al cine

En África aprendí a tener cuidado. No todo el mundo quiere ser fotografiado o filmado. Muchas veces la cámara te puede meter en problemas y en escasas ocasiones puede sacarte de ellos. En India es todo lo contrario. India es el paraíso de los fotógrafos y camarógrafos. Pobres, ricos, basureros, vendedores de fruta, mendigos, altos, bajos, niños, viejos… Todos--cuando digo todos es sin excepción--quieren verse en la pantalla LCD de nuestras cámaras. Desde que llegué a la India, he tomado centenares de fotos y horas de vídeo… y tan sólo una vez pagué 10 rupías a un mendigo para tomarle una instantánea. En otros países, como Marruecos, esto hubiera sido una quimera.

El otro día visitamos Dharavi, el barrio de chabolas donde se grabó gran parte de la película Slumdog Millionaire. Fue sacar la cámara y tener decenas de personas pidiéndome una foto. Muchos de ellos no entendían la diferencia entre la videocámara y la cámara fotográfica. Para ellos era igual una o la otra, que más les daba: el ritual que los locales seguían era el mismo. Ponerse delante del encuadre, sin reparo alguno; tocarme repetidamente el brazo e incluso chillar ma’am, ma’am o aunty, aunty. Pero la cosa no terminaba ahí. Muchos se enfrentaban entre ellos para conseguir mi atención o entrar en el encuadre. Llegado éste punto, debo confesar que la mayoría consiguieron su objetivo, aunque cada vez que me destrozaban un plano deseaba que la tierra se los tragara.

Entre escombros y pobreza yo me convertí en la Rania Europea. Bueno, más bien no yo, sino mi equipo fotográfico. Para muchos de ellos, era la primera vez que se veían a ellos mismos en una foto o era la primera vez que alguien les filmaba, pero la razón de esa euforia la encontré yo en el séptimo arte.

En Delhi, tuvimos la oportunidad de hablar con niños de tugurios y todos ellos coincidían en que de mayores querían ser actores de Bollywood o jugadores de cricket. El poco dinero que conseguían en la calle lo gastaban en comprarse ropa para ir los viernes al cine e imaginar que algún día ellos estarían al otro lado de la pantalla. Ese era su sueño. La devoción por la industria cinematográfica la volvimos a encontrar en Madurai con el hijo menor de nuestro amigo Saravana, quién nos acogió por unos días. El chiquillo, con tan solo 6 años, aprendía danza y artes marciales para poder ser una estrella del cine. En Mumbai la historia se repitió. Si bien la industria cinematográfica india se expande a través del subcontinente con distintos nombres, la más conocida es Bollywood . Y ésta es el sueño de los miles de niños que huyen a diario de sus hogares para montarse en trenes y llegar a Mumbai en busca del sueño indio. En busca de cambiar la estrella con la que nacieron por el estrellato del cine. Muchos de ellos, los que tienen suerte, acaban viviendo una vida más o menos digna en los "slums". Sin embargo, los sueños siguen ahí. Los años pueden pasar pero la esperanza de un día ser descubiertos por la persona adecuada, la ilusión de formar parte de la industria cinematográfica más grande del mundo y convertir sus sueños en realidad nunca se desvanecen. Por eso, cuando alguien aparece con una cámara, grandes y pequeños encuentran su placebo particular. Por un día ellos son los protagonistas y quien sabe si la Rania Europea es la persona que habían estado esperando todo su vida y el aparecer en ese frame la autopista al estrellato.

En esta nota:

Las Más Leídas

Recomendadas
Más Noticias