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Bangalore Internacionales -  10 de marzo de 2013 - 16:50

India: Programa de computadora agrava conflictos

BANGALORE , India (AP). A lo largo de la historia, la región de la India llamada Karnataka carecía de registros de propiedad confiables, pues funcionarios corruptos falsificaban títulos a cambio de dinero o favores.

En el 2002, un programa de computadora despertó esperanzas de cambio.

El programa, llamado Bhoomi, fue diseñado para resolver la maraña de disputas territoriales entre campesinos y terratenientes, pues digitalizó los 20 millones de títulos de propiedad, incluso los que fueron escritos a mano. (asterisk)

En aquel momento, el programa recibió elogios como un ejemplo de cómo la tecnología moderna podía aliviar los sufrimientos del pasado, enderezar injusticias y resolver antiguos conflictos y disputas.

Sin embargo, una década después, los conflictos continúan. Los rencores han migrado de los campos agrícolas a las bases de datos, e incluso el creador del programa admite que tomará generaciones enderezar los entuertos.

El gobierno indio ha promocionado la alta tecnología para resolver varios conflictos e incluso la está usando para reformar el sistema público de pensiones, pero Bhoomi ofrece la otra cara de la moneda, cuando se hace patente que la tecnología es insuficiente para hallar una solución.

" El gobierno cree que la tecnología es la solución para todo, y no lo es, lo más importante es la voluntad política ", comentó Rajeev Chawla, el administrador oficial que creó Bhoomi.

Parar Yashoda Puttappa, Bhoomi significó sólo un revés a los intentos ancestrales de su familia de recuperar un lote de 1,6 hectáreas (4 acres) de tierra que según ella le fue arrebatado a su abuelo en la década de 1940 para pagarle una deuda a un vecino acaudalado. Ella sostiene que Bhoomi sólo sirvió para darle credibilidad a un título fraudulento.

" En la computadora sale el nombre de ese hombre que es de una casta superior, y ello complica las cosas ", dijo Puttappa, una activista por derechos de tierra.

Agregó que Bhoomi sirve para evitar futuros conflictos, pero al mismo tiempo otorga cierta legitimidad a documentos antiguos que fueron falsificados.

" Lo que perdimos ya lo perdimos, no lo podremos recuperar ", expresó Puttapa.

En este país, cuyo tamaño es una tercera parte el de Estados Unidos pero tiene cuatro veces su población, cientos de miles de campesinos dependen de la agricultura para su subsistencia, y sus huertos son lo único que dejan de herencia a futuras generaciones.

Además, tener tierras se ha convertido en una buena inversión, pues India se está urbanizando rápidamente y las nuevas metrópolis están ansiosas de adquirir terrenos para la construcción de oficinas, negocios y viviendas.

Sin embargo, la tenencia de tierras ha sido tradicionalmente regida por feudos corruptos adscritos a mafias que ignoran a los campesinos y causan un sinfin de disputas.

En Karnataka, unos 10.000 contadores de la aldea revisaron pilas de documentos maltrechos _ a veces casi ilegibles _con el fin de determinar el origen de la tenencia de tierras.

Era costumbre que las familias acaudaladas se quedaran con tierras como garantía de préstamos a familias pobres, dijo Puttappa. Cuando la familia pobre no podía pagar, los ricos confiscaban el terreno aun cuando ello era ilegal. Aun cuando la familia pobre pagaba, la familia rica se aprovechaba del analfabetismo de la otra y le hacía firmar documentos de venta que ni siquiera podían leer.

" Ni siquiera podíamos ir a los tribunales, porque no teníamos los documentos ", dijo Puttappa.

Eso cambió con Bhoomi, que significa "tierra" en el idioma local. Los registros fueron trasladados a una base de datos y los maltrechos papeles fueron declarados obsoletos.

Los campesinos que antes debían esperar días o pagar sobornos a funcionarios para obtener una copia de sus títulos de propiedad, requisito para obtener préstamos del banco, ahora pueden conseguir una versión impresa instantáneamente en unos 200 kioscos por el precio de 10 rupias, equivalentes a menos de dos centavos estadounidenses. Si quieren vender sus tierras, lo registran en los kioscos y la venta de procesa por orden de llegada. Ello impide que algún funcionario inescrupuloso se demore en el trámite a propósito con la esperanza de obtener un soborno.

Pero aunque el Banco Mundial y otras organizaciones elogiaron a Bhoomi como ejemplo de alta tecnología al servicio de la comunidad, otros lo criticaron.

El ministro Jairam Ramesh calificó el programa de "basura para dentro, basura para fuera", denunciando que debió corregir los documentos antes de digitalizarlos.

" Todo el mundo sabía que esos documentos eran basura ", dijo Chawla. " Pero si yo intento limpiar esta basura, me durará una eternidad, y para cuando termine, ya habrá más basura dentro del sistema ".

Sin embargo, reconoce que al garantizar que un lote tierra no será vendido a varias personas a la vez y al hacer el sistema más transparente, el proceso gradualmente corregirá las fallas, aunque ello durará décadas.

Las disputas en Karadigere Kaval, una minúscula aldea a 85 kilómetros (53 millas) de Bangalore, han existido de desde por lo menos 1952, cuando el gobierno otorgó poco menos de una hectárea (dos acres)a cientos de dalits, una clase tan humilde que no pertenece a ninguna casta.

La tierra era sumamente fértil y los habitantes locales la apodaban "tierra de oro", pero las sequías obligaron a mucha gente a buscar otros páramos. A fines de la década de 1970, el gobierno redistribuyó la tierra, otorgando a las 90 restantes familias 1,6 hectáreas (cuatro acres) cada una, según los residentes locales y asociaciones de derechos de tierra.

Familias de castas superiores insistían en haber comprado las tierras legítimamente de campesinos que emigraron. Hubo enfrentamientos en los campos y litigios en los tribunales.

Tres dalits murieron en una lucha por tierras en 1980. Seis años después, un tribunal emitió órdenes de expulsión contra algunos dalits pero los dalits convencieron a los funcionarios de que no debían implementar las órdenes, y lograron que un tribunal accediera a preservar el status quo y dejarlos en las tierras. Un campesino de una casta superior tendió una cerca alrededor de un terreno de 18 hectáreas (44 acres). Los dalit llamaron a cientos de aliados, derribaron la cerca y vendieron el alambre. Al final, en el 2002, un tribunal falló a favor de los dalit.

Sin embargo cuando Gangarangamma, una viuda de 65 años que sólo usa ese nombre, fue a la oficina de Bhoomi para revisar su título de propiedad, el documento decía que la tierra le pertenecía al gobierno, indicio de que la propiedad está en disputa. La mujer se ha quejado varias veces.

"(Las autoridades) me dicen todo el tiempo que lo van a arreglar, pero no arreglan nada", comentó, exasperada. "Todos los de mi generación han fallecido y sólo quedamos tres, no sé si lo van a arreglar antes de que yo muera".

G.N. Nagaraj, dirigente del Partido Comunista local, elogió a Bhoomi como "un software maravilloso" pero advirtió que "tiene una utilidad muy limitada". Los mafiosos aun pueden presionar a los funcionarios que se encargan de alimentar la base de datos, comentó.

Chawla sostiene que Bhoomi fue diseñado para evitar que entren fallas al sistema, pero admite que no es infalible. Los funcionarios siguen siendo los encargados de procesar las ventas de tierras y podrían ser sobornados, al igual que los testigos, expresó.

Aun así, gracias a Bhoomi fue que Goutham Venki logró recuperar tierras que le fueron despojadas a su bisabuelo injustamente por un poderoso terrateniente.

Venki, acompañado de un grupo de lugareños, buscó los títulos de propiedad en las oficinas de Bhoomi en el 2004 y hallaron que fueron registrados a nombre de un empresario de bienes raíces que los acababa de adquirir del terrateniente.

Venki presentó una demanda, y la ganó. Pero aun así tuvo que pedir prestado 120.000 rupias (unos 220 dólares) con intereses del 60%, para poder pagarle a funcionarios para que corrijan la base de datos.

Un mes después, el empresario de bienes raíces apeló la decisión, con lo cual continúa la disputa, como tantas en la provincia.

FUENTE: Agencia AP

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