Cuando Walter Martínez tenía diez años se divertía destripando juguetes y televisores viejos, cuyas piezas le servían para dar vida, cual joven Frankenstein, a nuevas criaturas en cuyos circuitos palpitaba su sueño de construir robots.
FUENTE: EFE
Cuando Walter Martínez tenía diez años se divertía destripando juguetes y televisores viejos, cuyas piezas le servían para dar vida, cual joven Frankenstein, a nuevas criaturas en cuyos circuitos palpitaba su sueño de construir robots.
FUENTE: EFE