El primer ministro británico, Boris Johnson, recuperó cierto liderazgo las últimas horas al mostrarse inflexible en sus relaciones con Rusia por la invasión de Ucrania, después de que su cargo pendiera de un hilo por el escándalo de las fiestas de Downing Street durante los confinamientos.
"No se trata, como dice la frase tristemente famosa, de un país lejano del que no sabemos nada", dijo Boris Johnson, en referencia a las palabras del predecesor de Winston Churchill, Neville Chamberlain, después de que Adolf Hitler desmembrara Checoslovaquia.
"No podemos y no cerraremos los ojos", agregó, excluyendo sin embargo desplegar tropas británicas en Ucrania.
El líder conservador ordenó que la bandera ucraniana ondeara en los edificios oficiales de Londres y que la sede del gobierno se iluminara de azul y amarillo, sus colores.
En sus discursos, Boris Johnson decidió además hacer caso omiso de toda cortesía diplomática hacia Vladimir Putin, que ya no califica de "presidente" sino de "dictador" que "nunca podrá lavarse las manos por la sangre en Ucrania".
En un movimiento poco común, la oposición laborista se unió a él, consciente de la preocupación de los ciudadanos por la posibilidad de lo que podría convertirse en el mayor conflicto armado en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
"Putin quiere ver división entre nuestros aliados, entre los miembros de la OTAN y entre los partidos políticos aquí en el Reino Unido", explicó el jefe del partido laborista, Keir Starmer, en la cadena ITV News el viernes. "No nos dividiremos", sentenció.
De hecho, el laborista acogió con satisfacción el anuncio de Boris Johnson de que el Gobierno planeaba acelerar el proyecto de ley sobre delitos económicos. El Reino Unido es acusado de hacer la vista gorda ante el flujo de dinero ruso de origen dudoso que entró en Londres los últimos años.
Sin embargo, Starmer también lamentó ante el Parlamento que el gobierno no haya castigado de manera más dura al Kremlin, después de haber sancionado esta semana a ocho empresarios cercanos al gobierno de Putin.
"Distracción temporal"
Por el momento, los diputados conservadores más críticos con su líder, Johnson, decidieron guardar sus reproches y abstenerse de cuestionar su liderazgo tras el escándalo de las fiestas.
Hace unas semanas, el puesto de Boris Johnson pendía de un hilo tras un incesante goteo de filtraciones que revelaron la organización de fiestas cuando estaban en vigor los confinamientos por covid-19 en el país los dos últimos años.
El levantamiento total de las últimas restricciones contra el covid-19 esta semana --sobre todo la obligatoriedad de aislarse al dar positivo-- permitió calmar a los conservadores, opuestos a estas medidas.
Según dijo el portavoz de Johnson, el primer ministro apreció "que toda la Cámara de comunes hablara con una sola voz" al condenar al Kremlin.
Pero este giro favorable a Johnson podría ser efímero, advierte el politólogo Tim Bale, de la Universidad Queen Mary de Londres.
La policía aún debe entregar sus conclusiones sobre el "partygate", el escándalo de las fiestas, lo que podría perjudicar a Johnson. Su propio partido lo amenazó incluso con una posible moción de censura interna.
"Por el momento, todas las miradas están puestas en Ucrania, pero la atención de la opinión pública, sobre todo para los asuntos internacionales, no es tan larga", señala el experto.
"A menos que (la policía) entregue su informe en los próximos días, me temo que esto será más una distracción temporal que un respiro permanente para el primer ministro", añadió.
FUENTE: AFP




