En el barrio de San Felipe, rodeada de casas de maderas, de esquinas donde antes había asilos y lavanderías y que ahora pertenecen a populares bares y restaurantes, vivía la pequeña Ana, quien, sin permiso, solía encender la estufa. Un curso de cocina en el INADEH la aproximó a su sueño, el cual terminó de consolidar obteniendo un préstamo del IFARHU, que le permitió estudiar en The Panama International Hotel School. Su desempeño la llevó a trabajar en los restaurantes Rausch, Mercao, Mika Bazar e irónicamente, en el restaurante Central, ubicado en el barrio que la vio crecer, San Felipe.