El Zinemaldia, con la maquinaria en marcha para celebrar un festival seguro

EFE

Va a ser una edición diferente, extraña y con ausencias involuntarias, aunque el Festival de Cine de San Sebastián (España) mira siempre hacia el vaso medio lleno y, como han dicho hoy los responsables de las galas que celebrará este año el Zinemaldia, "la distancia más corta entre dos puntos es una buena película".

Y muchas películas va a haber, 142 en total. Son 63 menos que en 2019, pero se van a poder proyectar todas en sala, un logro para un certamen cinematográfico en el año de la COVID-19, que ha borrado del calendario citas tan importantes como la de Cannes, de la que San Sebastián ha programado diecisiete títulos.

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La maquinaria para celebrar un Festival seguro lleva en marcha desde hace mucho tiempo, si bien hoy los alrededores del Kursaal, el teatro Victoria Eugenia y el hotel María Cristina presentaban el aspecto de la víspera de cualquier otra edición, con la alfombra roja cubierta aún con plásticos.

Quizá menos gente merodeaba en esta mañana por esos espacios, y menos colas desde luego para que prensa e invitados recojan sus acreditaciones en el centro Kursaal, probablemente porque ese servicio se habilitó el martes, dos días antes de lo habitual, para evitarlas.

El aforo del auditorio del Kursaal no superará las 600 entradas sobre las 1.500 que salen habitualmente a la venta, ya que es la cifra máxima permitida por el Gobierno Vasco para recintos cerrados, mientras que los del cubo pequeño y los teatros Principal y Victoria Eugenia serán del 50 %, y los del resto, del 60 %.

El Festival ha explicado que las proyecciones se realizarán de tal forma que exista un intervalo de 60 o 90 minutos, según el tamaño de las salas, para garantizar así su desalojo, ventilación y desinfección.

Este año nada de actos oficiales tales como las fiestas de inauguración y clausura, ni de cualquier tipo de cóctel, pero sí se mantendrán las galas de apertura y clausura, además de la del Cine Vasco y la de entrega del Premio Donostia, un galardón que en esta 68 edición recogerá Viggo Mortensen.

Al bailarín y coreógrafo Jon Maya y al escritor Harkaitz Cano se les ha encargado en este ocasión la preparación de las cuatro. Se mantiene la línea de "galas de autor" que comenzó hace dos años con Borja Cobeaga y Diego San José, que la dedicaron al humor, y continuó el pasado ejercicio con Borja Crespo y su tributo al cine de género.

Maya, líder de Kukai Dantza, ha explicado en rueda de prensa que, pese a que cada gala es distinta, han intentado que todas ellas tengan "un hilo conductor narrativo y estético", y que las flores tan presentes este año en los carteles del Festival, también van a tener protagonismo. Todo ello, "sin obviar la situación que estamos viviendo".

La danza y la música en directo serán una característica de estas ceremonias, que tendrá en la necesidad de volver a las salas y en las distancias, tanto físicas como mentales, de separación y protección, su "eje vertebrador".

Harkaitz Cano ha incidido que en este 2020 no podían "dar la espalda" a lo que supone la pandemia, aunque en la apertura que han preparado para el Festival dejarán claro que "la distancia más corta entre dos puntos es una buena película".

El público, el gran motor de este festival, podrá llenar las salas pero no agruparse para ver desfilar a las estrellas por la alfombra roja. Habrá más seguridad en esta ocasión para evitar aglomeraciones. El director del Festival, José Luis Rebordinos, confía en que no van a darse problemas en ese sentido.

"La gente de San Sebastián es muy responsable y quiere mucho al Festival. Hemos insistido mucho en que no se agolpen ni a la entrada del Kursaal ni ante el hotel María Cristina. Habrá seguridad para que no se formen aglomeraciones, pero creo que en general la gente lo va a cumplir", ha manifestado a EFE.

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