Asunción Internacionales -  10 de mayo de 2018 - 15:52

El camino se allana para que Pucheta sea la primera presidenta paraguaya

La designación de Alicia Pucheta como vicepresidenta de Paraguay abre el camino para que ocupe la Presidencia si Horacio Cartes renuncia antes de agosto, algo que se da por hecho tras ese nombramiento, criticado por una oposición que lo ve como parte de una maniobra que transgrede la Constitución.

Pucheta se convirtió el miércoles en la primera mujer en ocupar la Vicepresidencia, tras una votación de las dos Cámaras del Congreso que contó con el apoyo de una mayoría de legisladores, encabezados por el gobernante Partido Colorado.

El nombramiento fue alabado por el oficialismo como un logro histórico y como parte del compromiso de Cartes por dar espacios políticos a las mujeres.

Pero fue rechazado por una oposición que considera a Pucheta como una persona funcional al Ejecutivo durante su desempeño como magistrada de la Corte Suprema de Justicia, cargo al que renunció para posibilitar su nombramiento como vicepresidenta.

Ello dentro de una operación en la que la oposición ve la mano de Cartes para jurar como senador el 1 de julio, tras ser electo en los comicios del 22 de abril, al igual que Juan Afara, quien renunció a la Vicepresidencia que ahora ocupa Pucheta.

La presencia de Cartes en el Senado era una de las grandes batallas de la oposición durante la campaña electoral, en concreto del Partido Liberal, del candidato presidencial Efraín Alegre, y del Frente Guasu, del expresidente Fernando Lugo (2008-2012).

Ambas fuerzas, aglutinadas en la alianza Ganar, presentaron una impugnación a la candidatura de Cartes alegando que la Constitución establece que un presidente saliente pasa automáticamente a ser senador vitalicio, con voz pero sin voto, en el momento que concluye su mandato.

Sin embargo, y en vísperas de las elecciones, la Corte Suprema de Justicia, con Pucheta entre los firmantes, rechazó la impugnación y dio vía libre a la candidatura de Cartes como senador activo, y con ello también a la del expresidente Nicanor Duarte (2003-2008), del Partido Colorado.

Tras las elecciones, Pucheta hizo pública su renuncia como magistrada y la pasada semana su candidatura a la Vicepresidencia fue presentada en el Congreso por varios senadores oficialistas y con el apoyo de Cartes.

El miércoles, ante los aplausos y las aclamaciones de los legisladores que la votaron, Pucheta dio las gracias a Cartes por la confianza depositada en ella y dijo sentirse honrada "como mujer, madre y maestra".

Atrás quedaron las intervenciones de los congresistas que le reprocharon ser parte de una transacción política comenzada cuando rubricó el fallo de la Corte a favor de la habilitación de los expresidentes como senadores en activo.

E incluso hubo algún legislador que mencionó la palabra prevaricación.

Tras el nombramiento, resta por conocerse lo que es un secreto a voces: la renuncia de Cartes, que podría darse la segunda quincena de mayo, de acuerdo con el oficialismo.

Se trata de una decisión obligada para no recaer en duplicidad de funciones si quiere jurar como senador en el nuevo Congreso que se pondrá en marcha el 1 de julio.

La renuncia deberá ser aprobada por el Congreso, lo que parece asegurado tras la mayoría obtenida por Pucheta, conseguida por el coloradismo en bloque y con los votos del sector del Partido Liberal que no se cuadra ante su presidente, Efrain Alegre.

De hecho, el nombramiento mostró la alianza entre la corriente del coloradismo afín a Cartes y la que lidera Mario Abdo Benítez, el triunfador de las pasadas elecciones, quien está a la espera de asumir la Presidencia el 15 de agosto.

Al margen de que esa alianza se mantenga o rompa, en función de las futuras coyunturas, Cartes será uno de los pesos pesados del Partido Colorado en el Senado y parte activa en el devenir político de la nación.

Ello gracias a la resolución de la Corte Suprema de Justicia, que sentó cátedra al permitir a un expresidente transcender la decorativa figura del senador vitalicio.

A Pucheta corresponderá trabajar en la transición de poderes entre el gobierno entrante y el saliente, a falta de tiempo para dejar su impronta en un cargo efímero por el que sin embargo pasará a la historia.

FUENTE: EFE