Corea del Sur Internacionales -  15 de abril 2020 - 08:40hs

Votación en Corea del Sur destaca retos de la reactivación

Las elecciones parlamentarias de Corea del Sur se celebraron el miércoles según lo previsto bajo la supervisión de trabajadores electorales con mascarillas y armados con termómetros y espray desinfectante. La cita electoral puso de manifiesto que, incluso cuando la pandemia del coronavirus remita, las precauciones de sanidad seguirán siendo necesarias si lo países siguen adelante con sus planes para relajar los lineamientos de distanciamiento social.

Cuándo y cómo se reactivarán las golpeadas economías ha sido un tema de intenso debate, especialmente en Estados Unidos, donde los gobernadores han empezado a esbozar planes para hacerlo en un proceso lento y metódico para evitar que el virus rebrote. El presidente del país, Donald Trump, ha expresado repetidamente su deseo de que la actividad económica se reanude rápidamente, aunque el martes pareció dar marcha atrás en su afirmación de que tiene autoridad absoluta para determinar cuándo ocurrirá.

En Italia, España y otros lugares de Europa donde los contagios y los decesos han empezado a estabilizarse, el proceso ya está en marcha, y ciertas empresas e industrias regresaron al trabajo. En Corea del Sur, las autoridades se resistieron a los llamados para demorar los comicios, y en su lugar establecieron un conjunto de medidas preventivas para evitar contagios.

Cintas o pegatinas delimitaban un espacio de un metro (tres pies) de distancia desde las calles cercanas a las cabinas de votación. Los empleados electorales comprobaron la temperatura de los electores y desviaron a la gente con fiebre o sin mascarilla a zonas separadas para votar, desinfectando después las instalaciones. Quienes superaron el control de fiebre recibieron gel desinfectante y guantes de plástico desechables antes de entrar a las cabinas para elegir sus boletas.

El gobierno también elaboró un proceso de votación para los ciudadanos recluidos en sus casas por la cuarentena.

“Estaba preocupado por el coronavirus”, dijo Chung Eun-young, residente en Seúl. “Comprobaron mi temperatura y me dieron guantes, pero no fue tan molesto como pensé que sería”.

Corea del Sur fue el segundo país, después de China, en registrar casos de COVID-19, la enfermedad provocada por el virus, y sumó cientos de nuevos contagios diarios a finales de febrero y principios de marzo. Aunque las escuelas cerraron, no se decretó la cuarentena. Los esfuerzos se centraron en un agresivo programa de pruebas y aislamiento al que se le atribuye una tasa de mortalidad mucho más baja que las vistas en Europa y Estados Unidos.

Estados Unidos es, de lejos, el país más afectado por la pandemia, con más de 26.000 decesos y más de 609.000 casos confirmados, según un conteo de la Universidad Johns Hopkins. Aunque la crisis está lejos de terminar, los escenarios que predicen un número más elevado de muertos y hospitalizaciones no se han cumplido, elevando las esperanzas de costa a costa.

En la mayoría de los casos, el coronavirus provoca síntomas leves o moderados, como fiebre y tos. Pero en otros, especialmente en gente mayor o con enfermedades previas, puede presentar cuadros más graves y provocar la muerte.

En todo el mundo se han confirmado casi dos millones de contagios y se reportaron más de 126.000 fallecimientos, según Johns Hopkins. Las cifras no responden a la verdadera magnitud de la pandemia por el acceso limitado a las pruebas, las diferencias en los métodos de conteo de los muertos y la opacidad de algunos gobiernos.