Germinal Roaux estrena "Fortuna", una mirada luminosa sobre los refugiados

EFE

Cuando en el año 2015 se agudizó la crisis de refugiados en Europa, el director suizo Germinal Roaux se cansó de permanecer impasible ante el bombardeo diario de malas noticias y empezó a pensar en "Fortuna", la historia de una etíope de 14 años que encuentra refugio en un monasterio en los Alpes.

La película llega a los cines este 1 de enero como una invitación para dejar entrar la luz, la poesía y la esperanza que desprende cada uno de sus fotogramas, rodados en blanco y negro y en un formato de cuatro tercios.

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"Fortuna es una respuesta a la impotencia ante esa crisis migratoria, que es una crisis de la acogida", explica a Efe el director. "A fuerza de oír esas malas noticias se crea una insensibilidad y yo quería encontrar el modo de volver a sensibilizarnos a través de la historia de esta joven".

El paso de la adolescencia a la edad adulta es un tema que obsesiona a Roaux. Lo trató en su primer largometraje, "Left foot right foot" (2014) y en los diarios fotográficos que lleva realizando desde hace ocho años y que pueden verse en su página web, porque Roaux es también fotógrafo profesional.

"Mi mejor amigo murió en un accidente de carretera cuando yo tenía 20 años y eso supuso un despertar muy brutal a las preguntas esenciales de la vida, quizá por eso es un tema que me fascina", señala.

"Fortuna", interpretada por la actriz etíope no profesional Kidist Siyum, a quien eligió en un cásting en Adís Abeba, es una joven sin padres que guarda un secreto y que habla a solas con la Virgen María y con un burro que también vive en el monasterio de Simplon.

A través de su historia, con un ritmo sosegado y una fuerte apelación a lo sensorial, se plantean al espectador cuestiones sobre la inmigración pero también sobre la madurez, la soledad, el amor y la necesidad de tener confianza.

"La manera en que la política europea actual cierra fronteras y castiga a la gente que intenta salvar a otros está en las antípodas de la confianza, más bien se fomenta el miedo, la barricada", dice Roaux, pero aquí la confianza es también "la gran cuestión existencial que cada individuo tiene que responder".

La película es además uno de los últimos papeles interpretados por el actor Bruno Ganz ("Der Untergang", "Der Himmel über Berlin"), fallecido en febrero pasado. Ganz da vida al monje superior del monasterio y tiene una de las escenas clave de la película, en una conversación con uno de los educadores del centro.

"El personaje de Ganz es un monje pero para mí era importante que no fuera prisionero de los dogmas de la iglesia", subraya. "En ese cara a cara con el educador, son dos hombres con puntos de vista muy diferentes pero que intentan comprenderse y, en esa confrontación, nosotros como espectadores podemos elevarnos y comprender que la vida esta hecha de matices".

Es ahí donde entra su elección del blanco y negro como una cuestión más "filosófica" que estética. "El blanco y negro da esos matices, en el reencuentro de la más profunda oscuridad y la luz pura hay una imagen que aparece", describe.

Como cineasta, Roaux reivindica la lentitud, sin aburrir al espectador. "Me importa mucho que el cine pueda hacernos vivir una experiencia sensible que nos abra a la reflexión", defiende.

"El cine actual es demasiado rápido, somos rehenes del ritmo, la rapidez y el espectáculo, y eso está muy bien, es divertido y nos gusta, pero lo que yo intento hacer es otra cosa que requiere una mayor participación del espectador, crear un espacio de sensaciones con el sonido, la imagen y la historia para ponernos en movimiento".

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