Un concurso de "robo" de bollos y niños "flotantes" se dan cita en Hong Kong. Foto/IG

EFE

Disfraces de papel maché de distintas deidades, un concurso de "robo" de bollos, representaciones de ópera, grandes comilonas y un desfile de niños "flotantes" se juntan en el Festival de los Bollos de Cheung Chau, unas de las islas de Hong Kong, considerado patrimonio cultural inmaterial chino.

Este escaparate de tradiciones chinas, con un origen algo incierto, plasma la historia de una comunidad pesquera que intenta librarse de los piratas que tomaron la isla, aunque en esencia el festival es en realidad un ritual taoísta que trata de atraer la paz y la buena suerte.

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La tradición se remonta a la dinastía Qing (1644-1911), cuando la isla se habría visto gravemente afectada por una devastadora plaga.

Con la esperanza de ahuyentar a los espíritus malignos, los aldeanos rezaron a los dioses y desfilaron por las estrechas callejuelas de la isla sosteniendo las estatuas de sus deidades.

La tradición asegura que, de manera milagrosa, la plaga habría terminado poco después del desfile.

Desde entonces, los residentes de este antiguo refugio de piratas se reúnen año tras año, desde el primero hasta el noveno día del cuarto mes del calendario lunar para celebrar este carnaval.

Y como ningún festival chino estaría completo sin comida, durante la semana festiva, todos los habitantes practican tres días de vegetarianismo, y se elaboran y distribuyen bollos blancos de la suerte, hechos de harina, agua y azúcar, con tres sabores diferentes: pasta de semillas de loto, frijoles rojos y sésamo.

Lo más destacado del espectáculo son el colorido desfile de niños "flotantes" y el concurso de "robo" de bollos, que tiene lugar alrededor de la medianoche.

Para el desfile, que busca agradecer a las deidades su protección, y para desear más paz y suerte durante el resto del año, los niños menores de 5 años se disfrazan de divinidades legendarias o celebridades modernas y se colocan en un pequeño asiento sujeto a varillas de acero para que parezca que están flotando, o en lo alto de un poste, donde desfilan a ritmo de tambores y gongs.

Para el concurso de "robo" de panecillos, se instala una espectacular torre de bambú de 14 metros de altura frente al templo Pak Tai cubierta con nueve mil bollos que contendientes de la isla han de trepar y almacenar en un zurrón.

Cuanto más alto estén ubicados los bollos "robados", mayor puntuación logra el concursante, que dispone de tres minutos para coger todos los que pueda.

Antiguamente, cada familia enviaba a un representante a la competición para que llevara a sus casas salud y buena fortuna.

Para evitar el desperdicio de alimentos, hoy en día se utilizan panes de plástico en lugar de los reales.

En un trágico giro de los acontecimientos, una de las torres se derrumbó en 1978 dejando mas de 100 heridos, lo que hizo que se prohibiera el concurso hasta 2005, año en que se restableció como una competición controlada donde sólo un puñado de personas pueden participar.

Mientras que muchos se alegraron de ver el regreso del ritual tradicional, hay críticos que argumentan que convertir el "robo" de panecillos en un evento deportivo y turístico ha borrado su significado original: traer paz y salud a los aldeanos.

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