La modelo Doutzen Kroes lleva más de una década afianzada como una de las estrellas más cotizadas y demandadas del mundo de las pasarelas, lo cual no debería resultar demasiado sorprendente teniendo en cuenta la técnica, el porte y esa innegable belleza que han hecho de ella uno de los rostros más reconocibles del sector.
Sin embargo, ella misma ha reconocido ahora que, tras el nacimiento de su primogénito Phyllon (9) y, especialmente, el de su su segunda hija Myllena (5), empezó a asumir que su carrera como maniquí se acercaría irremediablemente a su fin, ya que entendía que su físico no sería capaz de seguir cumpliendo con las expectativas depositadas por sus "clientes".
"Cuando me quedé embarazada, hubo un momento en el que comencé a preguntarme sobre el tipo de reacción que tendrían mis clientes, sobre el futuro que me esperaba en esta profesión. Luego tuve a mi hijo y me di cuenta de que me encontraba perfectamente, de que me sentía mejor incluso en el plano físico. Y lo mismo ocurrió con la llegada de la pequeña", ha explicado la holandesa de 35 años en conversación con el suplemento de moda del dominical Sunday Times.
En cualquier caso, Doutzen acabó entendiendo mucho antes de la llegada de su primer vástago que su deseo de formar su propia familia, independientemente de las consecuencias que ello tuviera para su trayectoria profesional, debía anteponerse a cualquier otra consideración: una mentalidad que le ayudó a ganar la confianza que necesitaba para centrarse plenamente en la tarea.
"Acabé haciéndome a la idea de que quería tener hijos a toda costa, y si eso significaba que me tenía que despedir de las pasarelas para siempre, pues tendría que aceptarlo y seguir adelante con mis planes", ha sentenciado la modelo, casada desde hace diez años con el DJ y productor musical Sunnery James Gorré.



