Santiago de Chile Internacionales -  16 de marzo 2013 - 13:22hs

Chilenos hacen de Bachelet un mito salvador

SANTIAGO , Chile (AP). En lo que a política se refiere la vida de Michelle Bachelet parece girar en redondo: como le sucedió en 2006, podría llegar a la presidencia de Chile empujada por las encuestas, como única opción para que la centroizquierda recupere el poder.

Como hace siete años, deberá hacerle frente a problemas que su gobierno no logró atajar como la desigualdad social, un sistema pensional privado que no entrega las mesadas prometidas, una salud deficiente que debe atender al 80% de la población que no tiene dinero para pagar médicos y clínicas privadas y dos movimientos exacerbados: los estudiantes y los indígenas mapuches.

Por sí sola Bachelet, de 62 años, hoy ganaría las elecciones en primera vuelta, lo que representa un notable cambio desde el fin de la dictadura (1973-1990) pues los partidos de derecha han obtenido al menos un 40% de los votos en esta instancia electoral.

Esa realidad política la convierten en la tabla de salvación de la coalición de centroizquierda que reconocen que no tienen " un plan B... en la oposición en su conjunto no estamos preparados para una respuesta negativa de Bachelet", había dicho Jaime Quintana presidente de un partido que hace parte de la coalición.

Ahora que en la víspera renunció a la Secretaria Ejecutiva de la ONU mujer, se espera que en los próximos días anuncie su candidatura a la presidencia. "Este es un anuncio que me alegra por Chile", dijo Osvaldo Andrade, presidente de otra agrupación que hace parte de la coalición.

Pero la popularidad de Bachelet se sustenta más en la apreciación afectiva de la gente, que la siente cerca y que han hecho de ella una especie de mito, más que en una decisión racional basada en su liderazgo y logros de gobierno, dijeron politólogos, sicólogos y sociólogos consultados por The Associated Press.

"Ella ha logrado en mucha parte de la población este sentimiento de estar apegada a su figura", dijo Giorgio Agostini, doctor en sicología social y maestro en sociología. "Cuando la gente tiene una cercanía, que la siente afectiva, va a tratar de justificar a veces hasta lo injustificable o perdonar las faltas que pudo tener".

Ese mito empezó a construirse sobre sus valores y su historia, similar a la de miles de chilenos: como víctima de la dictadura, exiliada, como ejemplo de profesional de clase media, como figura maternal y protectora, divorciada, independiente y jefa de hogar.

Para retratar esa cercanía Bachelet usó en su campaña presidencial la frase "soy una chilena ni más ni menos que millones de ustedes, trabajo, llevo mi casa y dejo a mi hija en el colegio", que fue sacada de su autobiografía oficial.

"Ella como que aparece por sobre el bien y el mal", dijo a la AP Andrés Benítez, politólogo, ingeniero y rector de la prestigiosa Universidad Adolfo Ibáñez. "Se creó una especie de mitología en torno a ella, que todavía no llegamos a entender bien. La gente está esperando la llegada de una especie de salvación".

A José Joaquín Brunner, doctor en sociología, le llama la atención que su liderazgo que logre sostenerse sobre la base del silencio", según dijo al diario El Mercurio. "Es un hecho extraordinario, pero ciertamente el silencio de Bachelet no ha contribuido a lo que el país necesita en esta etapa, que es debatir los principales problemas que tiene por delante".

El silencio contrasta con su habilidad innata para comunicarse: Bachelet inicia conversaciones, es creíble, y buena improvisadora, como recuerda Francisco Javier Díaz, que elaboró sus discursos durante la campaña presidencial del 2005. Dijo que entre un 50% y un 60% de las palabras se apegaban al discurso escrito y el resto era improvisado: insertaba chistes, comentarios, por lo que debían transcribir el texto antes de entregarlo a la prensa.

Sus errores no fueron pocos ni menores. Once días antes de cumplir su período presidencial la oficina nacional de emergencias, a cargo del Ministerio del Interior, no emitió la alerta de tsunami para evacuar a las poblaciones costeras luego que un terremoto de magnitud 8,8 impactara el centro sur chileno y que dejó 526 personas muertas, 25 desaparecidas y un millón de damnificados.

Las marchas estudiantiles empezaron al inicio de su mandato con paros y ocupaciones de escuelas de un millón de colegiales que la obligaron a cambiar su gabinete ministerial. Bachelet desactivó el movimiento integrando a los líderes a una comisión que no derivó en cambios importantes.

Algo similar ocurrió con la puesta en marcha de un sistema de transporte para Santiago, que redujo casi a la mitad los autobuses, sin que el subterráneo aumentará su capacidad, lo que demoró los tiempos de viaje y al final incentivo el uso de los automóviles particulares.

Hacia la segunda mitad de su gobierno le tocó enfrentar la recesión global, que supo enfrentar con subsidios para los más pobres pues tenía reservas para entregar ayudas, aunque disminuyeron el crecimiento y la generación de empleos.

"La explicación más común que se ha dado (a su popularidad) son los 9.000 millones de dólares que ella gasta para enfrentar la crisis global, eso le significó una aura como que ella manejo bien la crisis", dijo el rector Benítez.

Como muchos chilenos, Bachelet recuerda una infancia feliz, criada en diversas bases aéreas de Chile y del mundo, que acabó brutalmente con la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Entonces era hija de un general de la fuerza aérea que murió de un ataque cardíaco tras recibir torturas de quienes eran sus colegas y ser enviado a la cárcel por "traición a la patria".

Ella y su madre, Angela Jería, fueron detenidas en enero de 1975 y sometidas a "apremios físicos", como lo escribió en su autobiografía. No aclaró si fueron torturadas, o no. Al final del mismo mes recuperaron la libertad y, como miles de chilenos, salió del país rumbo al exilio: primero en Australia, con su hermano, y después en la que era la República Democrática Alemana, donde se casó con un chileno, tuvo dos hijos, se divorció y tuvo una tercera hija con otra pareja.

Más de la mitad de los 16,5 millones de chilenos son mujeres y la ex presidente "encarna una mujer de verdad, sin modelo que seguir. Y como tal, la gente se siente identificada con ella", dijo la directora de la encuestadora Latinobarómetro, Marta Lagos, en un detallado estudio que hizo sobre su primera campaña presidencial.

Regresó del exilio en 1979, y continuó su carrera de médica cirujana que terminó en 1982. Aplicó para varios puestos en hospitales de provincias pero no consiguió nada "por razones políticas", pues era hija de un general traidor, según los gobernantes militares que aun dominaban el país, dice en su autobiografía.

Pero logró conseguir una beca del colegio médico y se especializó en pediatría y salud pública. Logró un empleo en una organización que velaba por la salud mental de niños cuyos padres fueron víctimas de la dictadura.

Habla cinco idiomas: español, su lengua materna, inglés, que lo aprendió de niña cuando su padre fue trasladado a una base militar estadounidense, alemán por vivir allí durante su exilio, francés y portugués que lo entendió, dijo medio en serio y medio en broma, escuchando las canciones del brasileño Roberto Carlos.

Trabaja de sol a sol, es desconfiada y estratégica, saber formar y liderar pequeños equipos y tiene un círculo de hierro leal, que la cuida y la protege. Sonríe y ríe fácilmente, sus ojos traslucidos miran directamente, y cuando se sienta con una pierna sobre la otra, lo hace con coquetería. Gesticula suavemente con sus manos mientras conversa.

Pero cuando algo la molesta, como alguna pregunta incómoda, no puede evitar demostrarlo: aprieta los labios y hace un rictus de desagrado con el labio superior. Alterna el uso de faldas y chaquetas, con pantalones y suele cubrirse con un camisón ancho y largo para cubrir el sobrepeso evidente que padece y reconoce.

Su carrera política inició formalmente cuando el presidente Ricardo Lagos (2000-2006) la nombró ministra de salud y le pidió acabar en tres meses las largas filas que hacían los chilenos para recibir atención médica. Bachelet creó un sistema telefónico para pedir citas y redujo las esperas y despertó la solidaridad de gente que pidió a Lagos no echarla.

Su figura logró alcance nacional y Lagos la premió con un cargo hecho a su medida: Ministra de Defensa, la primera de Latinoamérica. Hija de una familia de militares, Bachelet conocía por dentro la institución. Además, sabía de estrategia militar pues en 1997 ganó una beca para hacer un curso en el Colegio Interamericano de Defensa, en Washington, después de haber sido la primera de su promoción en un curso previo que hizo en la academia del ejército chileno.

Su arribo a la presidencia se selló cuando el país vio a su ministra vestida de casaca militar a bordo de un tanque encabezando a otros vehículos que iban en auxilio de los damnificados de las inundaciones causadas por intensas lluvias en las comunas pobres del norte de Santiago.

El respeto que infundió a los militares tuvo raíces en 1997 cuando, como asesora del Ministerio, creó una política de defensa y acercó a militares y civiles. Pese a la trágica muerte de su padre, nunca se le escuchó palabras de odio o venganza. Fue hábil concertadora y cuando pasaba revista a las tropas, siendo ministra, sorprendía por su confianza y solvencia.

Como mujer exitosa ha padecido de dos grandes prejuicios que comparten muchas líderes de la región: ha sido menospreciada por ser mujer y ha pagado el costo de su independencia al no haber podido consolidar un proyecto de pareja.

De muchas maneras, el mito tejido alrededor de Bachelet no es otro que el anhelo de los chilenos de resolver los problemas que el gobierno oficialista de Sebastián Piñera no ha resuelto. "Bachelet es percibida como una presidenta respecto de todos aquellos valores que Piñera no ha sido capaz de representar: cercanía, confianza, capacidad de representar los intereses de los que menos tienen", dice el politólogo y profesor de la Universidad de Santiago, Bernardo Navarrete.

Piñera, que en tres años creó cerca de 800.000 empleos, mantuvo un crecimiento económico superior al 5,5%, un desempleo de 6,1% y una inflación de 1,5% el 2012, carece absolutamente de la empatía de Bachelet, lo que impide a su gobierno destacar sus logros.

Pero aún está por verse si una segunda oportunidad para la mandataria se traducirá en cambios fundamentales a problemas que parecen eternizarse y que parecen superar la voluntad de los presidentes.

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