SAN SALVADOR Internacionales -  12 de febrero 2014 - 09:21hs

Náufrago salvadoreño llega agotado a su tierra

José Salvador Alvarenga regresó el martes por la noche al lugar donde aprendió a amar el mar, pero el cansancio y los nervios le impidieron hablar a la multitud que fue a recibirlo.

En una silla de ruedas y vestido con una camiseta azul oscuro, pantalón caqui y tenis blancos, fue presentado por el canciller salvadoreño, Jaime Miranda, lo presentó a la multitud. Alvarenga tomó el micrófono y trató de hablar, pero se llevó las manos al rostro y no pudo decir palabra, abrumado por el agotamiento y la emoción.

El canciller Miranda se dirigió entonces a los presentes: "Pedimos su comprensión, ha sido un viaje agotador. Nuestro Salvador ha protagonizado una sorprendente travesía por el Pacífico y finalmente, después de este difícil y agotador viaje, se encuentra de regreso en su tierra.

"La historia de José es una historia de fe, pero también de lucha por la vida, pero también es una historia de solidaridad y de reencuentros", acotó el canciller.

Posteriormente Alvarenga fue llevado al Hospital San Rafael, donde se le realizarán diversos exámenes y estará internado las siguientes 48 horas.

El doctor Yeerles Ramírez dijo que se le practicó una radiología, tomografía cerebral, radiografía de tórax, ultrasonografía, ultrasonografía abdominal y renal, además de un electrocardiograma.

El náufrago no presentó anormalidades en esas pruebas y de ellas sólo se desprendió que padece anemia.

"Tenemos los resultados de las primeras pruebas hematológicas y si sale con una anemia por la deficiencia de folatos, eso tiene tratamiento médico", dijo Ramírez.

"Las pruebas van con tendencia a normalidad, él tiene mucho apetito, incluso ya le dimos pan dulce, fue una indicación del especialista que ya podía comer un poquito, está comieron un poquito de frijoles".

El médico señaló que la familia de Alvarenga habló con él en el hospital. "La primera etapa fue con la mamá, muy emotiva. Hace aproximadamente cuatro minutos terminó el resto de la familia, el padre, la hija y otros familiares que tenía años de no ver que residen en el extranjero".

El médico que atiende a Alvarenga anunció que el miércoles por la mañana informará de su estado aunque adelantó que el pronóstico es bueno.

Miranda agradeció el apoyo y la ayuda del gobierno de las Islas Marshall, de Estados Unidos y de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM).

Se informa que Alvarenga se dirigió a un hospital para ser evaluado antes de regresar a su poblado de Garita Palmera, donde su familia y los periodistas lo esperaban.

Alvarenga fue trasladado al Hospital San Rafael, en Santa Tecla, cerca de la capital, a donde llegó en una ambulancia. Lo bajaron del vehículo en una camilla pero no hizo declaraciones.

Los familiares están con él en la instalación, que no ha permitido el paso a los periodistas.

Se informa que es posible que el miércoles parta con destino a su poblado de Garita Palmera.

El hombre de 37 años, quien dice que sobrevivió más de un año en una pequeña embarcación de pesca a la deriva por el Pacífico tras salir de México y recalar en las Islas Marshall, llegó a su natal El Salvador para ser recibido numerosos periodistas, una hija que no lo recuerda y una madre que lo creía muerto.

Su historia asombró al mundo cuando llegó al atolón de Ebon hace casi dos semanas, con aspecto robusto y no muy quemado por el sol. Pero resulta que antes era un hombre mucho más corpulento y llegó a tierra con inflamación en todo el cuerpo, dolores y deshidratación.

El regreso de Alvarenga su país tras una semana de reposo y tratamiento médico en Majuro fue prolongado, con escalas en Honolulu y Los Angeles, donde los médicos lo vieron para determinar si podía continuar el viaje.

Su padre, José Ricardo Orellana, de 65 años y dueño de una tienda y un molino de harina en el poblado costero de Garita Palmera, dijo que si hijo se gana la vida pescando desde los 14 años.

Maria Julia Alvarenga, de 59 años, dijo que su hijo siempre fue una persona de una fuerza y resistencia poco comunes.

Fátima, su hija de 14 años, hizo un arco de hojas de palma en la puerta de la casa de familia y un letrero que dice "Bienvenido". Ella no recuerda haber visto nunca a su padre, que salió de El Salvador a pescar en México cuando tenía sólo un año.

Docenas de periodistas extranjeros acamparon frente a la casa de ladrillos de la familia, a unas 10 cuadras del mar en un poblado de pescadores. Muchos más esperaban en el aeropuerto con los familiares y amigos, que comenzaron a reunirse temprano en el día.

"No lo he visto en ocho años. Somos amigos, pescábamos juntos", dijo Héctor Antonio Zúñiga, de 39, quien dijo que iba a dejar a su sobrino en el aeropuerto pero decidió esperar para recibir a Alvarenga.