El cardenal de Nicaragua Leopoldo Brenes

EFE

 El cardenal de Nicaragua, Leopoldo Brenes, calificó como “acto terrorista” el incendio sufrido este viernes en una capilla de la Catedral Metropolitana de Managua, que calcinó una histórica imagen de la Sangre de Cristo en este país de mayoría católica.

“Así lo quiero decir, claramente, es un acto terrorista para amedrentar a la Iglesia en su misión evangelizadora”, dijo Brenes, quien en julio de 2018 denunció que la Iglesia católica es perseguida por el Gobierno del presidente Daniel Ortega.

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El incendio ocurrió este viernes, cuando un desconocido lanzó una bomba en el interior de la Capilla de la Sangre de Cristo, en medio de una ola de profanaciones contra templos católicos desde que el clero anunció la suspensión de la fiesta popular más grande de Nicaragua, en honor de Santo Domingo de Guzmán, a causa de la pandemia, cuando algunas instituciones del Gobierno ya la daban por hecho.

En una conferencia de prensa improvisada en el patio de la Catedral, el cardenal afirmó que existen indicios de que el incendio de uno de los patrimonios más preciados de los católicos nicaragüenses “fue planificado con mucha calma”.

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Brenes conectó el incendio con otro evento ocurrido el pasado día 20, en el que un hombre en una camioneta destruyó los portones de la Catedral, y con el robo de una verja, que sirvió como vía de escape para el causante del fuego.

“Calculó todo, dónde entrar, cómo hacerlo y luego por dónde escapar. Esto verdaderamente estaba planificado”, afirmó.

VERSIÓN OFICIAL

Por su parte, la esposa de Ortega, la vicepresidenta Rosario Murillo, afirmó que el incendio fue producto de un accidente causado por los fieles.

“Se dio ese incendio, se combustionó, se quemó la estructura de aluminio, las cortinas de tela, y las flores que la adornaban. Existencia de veladoras encendidas en el entorno de la Sangre de Cristo se comprobó. Son las veladoras que encienden los feligreses, que buscamos siempre cómo pagar promesas a nuestros Santos”, dijo Murillo.

La versión oficial fue desmentida por Brenes, quien afirmó que hace más de 20 años él mismo recomendó que dicha imagen, que lleva 382 años de estar en Nicaragua y ante la que San Juan Pablo II se arrodilló y oró en su visita al país en 1996, estuviera fue de peligro de incendios, por su importancia histórica y religiosa.

“Ahí no hay ninguna vela, ni tampoco tenemos cortinas, o sea que no podemos pensar que el incendio, entre comillas, puede ser producto de una veladora que se cae. Esto fue un acto de terrorismo incendiario de una bomba de gran poder”, resaltó el cardenal.

La versión de la bomba fue confirmada por testigos, cuya seguridad despertó preocupación en diferentes organismos defensores de los derechos humanos que, al igual que la oposición, responsabilizaron por el incendio al Gobierno y al oficialista Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Tanto el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) y la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), como las opositoras Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia y Unidad Nacional Azul y Blanco, condenaron el suceso, culparon a “la dictadura”, y coincidieron en llamar “terrorismo de Estado” a lo ocurrido.

Las relaciones entre la Iglesia católica de Nicaragua y Ortega están rotas desde que la mayoría de religiosos arriesgaron sus vidas para salvar la de miles de personas, de los taques armados contra las manifestaciones antigubernamentales de 2018, que dejaron cientos de presos, muertos o desaparecidos, y más de 100.000 en el exilio.

Ortega, quien dice haberse defendido de un "golpe de Estado fallido", ha señalado al Episcopado de ser "golpista”, tras lo cual, obispos, sacerdotes y templos católicos, han sufrido agresiones o profanaciones sistemáticas, reivindicadas por sandinistas, o por desconocidos.

Las fricciones entre Ortega y la Iglesia católica no son nuevas, tal como lo comprobó en su primera visita a Nicaragua San Juan Pablo II en 1983, cuando debió alzar la voz para hacer callar a las denominadas “turbas sandinistas”, que insultaban al papa en el primer mandato del exguerrillero.

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