Irma Rodríguez Reyes

Paula Medina Zárate, oriunda del corregimiento de Pacora, nació con una enfermedad cutánea llamada ictiosis, que le causaba piel seca y crecimiento de "escamas" sobre todo en sus extremidades.

Sus familiares y amigos recuerdan que creció luchando con esta enfermedad que no tiene cura, y que a pesar de las adversidades, se sometió a los tratamientos dermatológicos que lograron convertirse en un alivio.

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Pero la historia cambió en 2012 cuando Medina Zárate visitó el sepulcro del sacerdote capuchino estadounidense, Solanus Casey (1870-1957) quien falleció a los 87 años tras sufrir la enfermedad erisipela. A partir de aquí, la mujer sanó, según el testimonio que dio este martes entre llanto en una conferencia en la Curia Metropolitana.

Su dermatóloga, Leticia Muñoz certificó que al regreso no volvió a encontrar en ella trazas de la enfermedad. "La ictiosis no se cura, esto fue una maravillosa sorpresa saber que Paula estaba curada".

Muñoz explicó que la piel de su paciente tuvo nuevas grietas ni escamas, esto a pesar que por años pasó por tratamientos con emolientes y keratina, sin que su condición mostrara cambios.

El milagro que Medina Zárate atribuye al padre Casey ha sido reconocido por la Iglesia Católica. El próximo 18 de noviembre ella portará la reliquia del venerable y el Arzobispo Metropolitano José Domingo Ulloa encabezará el grupo panameño que estará presente en la beatificación de Casey, a realizarse en la ciudad de Detroit, en el estado de Michigan, Estados Unidos.

Con información de Ameth Pérez, periodista de Telemetro Reporta

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