Horas bajo el sol y la lluvia en busca de un autógrafo y una foto en Cannes

EFE

Patrice tiene 77 años y hace 20 que va a Cannes. Es uno de los "cazadores de estrellas" colocados estratégicamente cada tarde frente a la alfombra roja del festival en busca de fotos y autógrafos que la mayoría quiere para su uso personal.

Un mes antes de que este 14 de mayo comenzara la 72 edición del certamen cinematográfico puso su nombre en la acera para asegurarse un buen puesto. El grupo de aficionados, un microcosmos con reglas propias, se lo respetó.

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A un día de que este sábado se desvele el palmarés, le queda ya poca voz. Se la ha gastado gritando a los actores y directores que en cada pase de gala llegan en los coches oficiales y, antes de subir al Palacio de Festivales, se acercan con más o menos ganas a saludarles.

Antes su mujer se encargaba de pedir los autógrafos y él hacía las fotos, pero desde que ella murió compagina las dos cosas, explica a Efe. Como él, cerca de un centenar de personas aguantan cada día bajo el sol o la lluvia, movidos por su pasión por el cine o la moda.

"En Cannes hay un ambiente especial. Más allá del programa oficial no sabes quién va a venir. Todo el tiempo es una sorpresa", explica Daniel, otro veterano de 73 años que ha pasado los últimos 15 mayos en la Croisette, el paseo marítimo de la ciudad.

Los estrenos de la competición oficial empiezan a partir de las 18.00 (16.00 GMT), pero desde las 09.30 (07.30 GMT) ya hay quien hace cola para poder entrar rápido a la zona en la que han dejado sus escaleras, cuidadosamente encadenadas a las vallas de seguridad.

Cuando las fuerzas del orden dan su visto bueno, con la ayuda de perros artificieros, ese enjambre de sillas, taburetes y escaleras de metal encuentra su dueño y conforma una de las escenas más reconocibles del festival.

"Los actores estadounidenses son los que dan más espectáculo. Se acercan a firmar y a encontrarse con su público. Los franceses nos tienen menos respeto", señala ese jubilado residente en Nancy, en el noreste de Francia.

Todo el mundo esperaba este año a Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, protagonistas de la última película de Quentin Tarantino, "Once upon a time... in Hollywood" ("Erase una vez....en Hollywood"), y no defraudaron.

"Penélope Cruz y Antonio Banderas también son muy simpáticos. Nos encantan", añade otra habitual, Isabelle, sobre los dos intérpretes españoles, que este pasado viernes presentaron "Dolor y Gloria", de Pedro Almodóvar.

El marido y los hijos de esta mujer francesa de 59 años no acaban de entender qué le lleva a pasar dos semanas en Cannes en busca de un encuentro efímero con los actores, pero le siguen el juego, cuenta.

Isabelle se fija especialmente en los vestidos y accesorios de las actrices y después de revelar las fotos las coloca como decoración en su tienda de ropa. Como el resto, esas imágenes son para su propio disfrute y para compartirlas con amigos.

Ellos se quedan estáticos, pacientes, antes de cada pase. Y conviven con otro grupo más frenético e igualmente típico en este certamen: los que reclaman una invitación para acceder al Palais, fortaleza prohibida para aquellos sin ese preciado ticket o una acreditación.

Vestidos de gala, se pasean cartón en mano con el nombre de la película que quieren escrito u ofrecen cambiar su entrada por otro estreno de su gusto, que este año incluía, entre otros, "A hidden life", de Terrence Malick, o "Sorry we missed you", de Ken Loach.

"Todo esto también es Cannes", resume Mike, agente que lleva años controlando los bolsos y mochilas de los aficionados que han tenido suerte, y que como todos los acreditados deberán pasar por el correspondiente arco de seguridad.

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