El palacio de Buckingham

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Cada vez que queda una vacante en el palacio de Buckingham, la correspondiente oferta de empleo no tarda en aparecer en la prensa británica para analizar los requisitos que se exigen a los candidatos -la discreción se valora casi por encima de cualquier otra cosa- y los beneficios que se desprenden de ese puesto en concreto.

En realidad, poco o nada se conoce de las condiciones laborales de los muchos asistentes que rodean a los miembros de la monarquía británica, gracias en parte a la costumbre de hacerles firmar acuerdos de confidencialidad que, de romperse, podrían acarrear graves consecuencias a quien osara irse de la lengua.

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Darren McGrady es uno de los pocos privilegiados que llegó a conocer a fondo los entresijos del día a día en la residencia oficial de la monarca Isabel II en Londres durante los más de diez años que trabajó para ella en calidad de chef. La mejor manera que se le ocurre para tratar de explicar al gran público la etiqueta y el protocolo que seguían por aquel entonces los miembros del servicio es comparándolos con la vida de los criados tal y como queda reflejada en 'Downton Abbey'.

"Yo tenía una habitación en palacio. Cuando vivía allí, la organización era muy similar a la que se puede ver en esa serie llamada 'Downton Abbey'. Había un ala para los que trabajábamos en la cocina, separando a hombres y mujeres. Los lacayos estaban en otra planta, y lo mismo sucedía con las criadas. Y no estaba permitido entrar en esos espacios si no vivías allí", ha explicado en una entrevista a Insider, insistiendo en que cualquiera que intentara hacerlo podía "meterse en un lío".

Pese a esa serie de normas más propias de la época victoriana, como él mismo las define, McGrady insiste en que el palacio de Buckingham no podría ofrecer más comodidades a sus residentes.

"Si trabajabas allí, tenías tu propia habitación, pero nunca tenías que hacerte la cama por las mañanas. Había una persona responsable de cada piso que se encargaba de hacer las camas, cambiar las sábanas y las toallas, y reponer el jabón y cosas así. Era como un hotel. Es fácil comprender por qué alguna gente se queda allí 30 años o más. Te dan todo lo que necesitas. El sueldo es básicamente para que te lo gastes en ti", ha matizado.

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