Jóvenes bailarinas dan sus primeros pasos en el conservador Alto Egipto. Foto/AFP

AFP

En la conservadora provincia de Minya, en el sur de Egipto, chicas jóvenes con malla blanca y medias negras avanzan de puntillas al son de la música clásica, en una habitación pintada con coloridos motivos.

"Miren al frente, estiren los brazos", ordena el profesor a sus alumnas, de cuatro años en adelante.

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Ellas intentan imitar a su maestro, un bailarín profesional de ballet de la capital, mientras levanta sus brazos con gracia por encima de su cabeza.

Resulta una escena sorprendente en esta provincia tradicional, que cada vez ocupa más titulares a causa de disputas familiares o la violencia sectaria contra su amplia minoría cristiana copta.

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Sin embargo, los fundadores del Centro Alwanat de la ciudad de Minya están determinados a convertirlo en la primera escuela de ballet de la provincia epónima del Alto Egipto.

"La sociedad es un poco estrecha de miras en Minya. Dicen que aquí hay un poco de extremismo", afirma Marco Adel, uno de los fundadores del centro.

"Queremos que los niños sean más abiertos ante la vida, que les guste el arte", dice el diplomado en Derecho, de 33 años, que también es un ávido dibujante.

En los casi dos años que llevan en activo, las clases se han convertido en un gran éxito y algunos padres conducen hasta una hora desde pueblos cercanos para traer a sus hijos.

Christine Essam, cuya hija Eleina aprende ballet en el centro, dice que ella y su marido se lo pensaron mucho antes de inscribir a su hija de cuatro años.

"La mayoría de la gente de nuestro entorno, ya fuera la familia o los amigos, estaban en contra. Decían: '¿No pueden encontrar cualquier otra cosa que no sea ballet?'", cuenta.

"De las chicas del Alto Egipto se espera que lleven ropa recatada", explica la farmacéutica, de 26 años, agregando que es "un poco duro" hacer que la danza se acepte socialmente.

Unos 160 estudiantes de entre 4 y 26 años, incluyendo varones, asisten a las clases del centro, según Adel, muchos más de los 15 alumnos que había en mayo de 2015, cuando comenzaron los cursos.

La mayor parte de las alumnas musulmanas llevan hiyab y pueden elegir si prefieren que les enseñe una de las tres profesoras mujeres con que cuenta el centro, incluyendo dos que también llevan pañuelo, explica.

Desde hace más de un mes, el centro también tiene un profesor hombre.

Mamduh Hasan, un bailarín profesional de la compañía de ballet de la Ópera del Cairo, recorre 240 kilómetros cada fin de semana desde la capital para formar a los jóvenes.

Adel asegura que muy pocos padres se han quejado de que un hombre instruya a sus hijas y que, en general, todos aceptaron al profesor.

"Al principio, estábamos un poco sorprendidos. Pero nos dijeron que tenía mucha experiencia y confiamos en el centro", indica Essam.

Para Vivianne Sobhi, madre de Farah, de siete años, en Minya ya han comenzado a derribarse las barreras sociales.

"Hoy en día, las chicas van a nadar en traje de baño", comenta la profesora, de 27 años.

Dirigir una escuela de ballet a cientos de kilómetros de la capital tiene sus desafíos.

El profesor Hasan llegó una vez dos horas tarde porque la autopista desde El Cairo estaba cerrada a causa de la niebla y, en otra ocasión, el centro tuvo que traer zapatillas de ballet desde la capital porque no quedaban en Minya.

Según Adel, el Centro Alwanat, donde también se imparten clases de música, zumba y talleres de teatro y cine, es fruto de un "esfuerzo personal".

Mientras ayuda a su hija Heaven, de 5 años, a arquear la espalda para hacer el puente, Adel Gerges asegura que está emocionado por la experiencia que el centro ha supuesto para su pequeña.

"No teníamos nada de esto en nuestra infancia", dice el farmacéutico de 35 años. "No cometeremos el mismo error con nuestra hija".

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