La diseñadora peruana que triunfa en París con moda ecorresponsable

EFE

Cuando en 2009 la franco-peruana Cinthya Guerrero empezó a fabricar jerséis de alpaca junto a mujeres en riesgo de exclusión en Lima, la tomaron por loca. Hoy, su firma, Stella Pardo, es uno de los referentes de lana ecorresponsable en París, donde acaba de abrir su primera tienda física.

Guerrero, nacida en Lima, llegó a París en 1990 con diez años junto a su familia. En 2009, tras pasar por el mayor conglomerado de marcas de lujo, el grupo francés LVMH, decidió lanzarse con su propio proyecto, en el que ha combinado su pasión por la moda y la acción humanitaria, pero los inicios no fueron sencillos.

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"Cuando empecé a presentar mi marca y visitaba cada tienda, antes de mostrar mi colección hablaba del proyecto que teníamos detrás. Contaba que todo está hecho a mano, por una comunidad de tejedoras de Lima y que comprando estos diseños hacías una buena acción. Se pensaban que era la Cruz Roja", dice en una entrevista a EFE.

Su tienda, situada en el barrio del Marais, es un reflejo del estilo setentero que caracteriza a Guerrero y que ha introducido también en sus jerséis de alpaca con mangas abombadas, otros modelos con volúmenes y aires retro, conjuntos de cuello alto a rayas con faldas abotonadas, y una gama de colores entre neutros y vivos.

"La mujer Stella Pardo es ante todo la personificación de unos valores. Para empezar es el nombre de mi abuela, que está en Perú. Ella representa una mujer luchadora, generosa, muy creativa, alegre y positiva. Sea cual sea el golpe que le da la vida, siempre va adelante", cuenta.

Es el estilo de las prendas, dice, lo que más atrae a sus clientas, pero últimamente nota un repunte de quienes llegan a su marca por su lado ecorresponsable, gracias además a la publicidad que han hecho actrices comprometidas con la ecología como Mélanie Laurent.

LAS MUJERES EN EL CENTRO DE LA MARCA

En 2009, la idea de Guerrero parecía bastante descabellada: viajar a Perú, trabajar con madres solteras de barrios pobres y adaptarse a sus necesidades. Al principio, empleaba a dos tejedoras, ahora son ochenta.

"Tomamos el tiempo de escucharlas, ver cómo vivían, y dijimos vamos a revolucionar el modo de producción. Para ellas era un problema ir a una fábrica, ¿quién cuida la casa?, ¿quién recibe al niño cuando llega del colegio? Nosotros les dijimos: van a ser sus propias jefas, van a trabajar desde casa y nosotros vamos a adaptarnos a su vida", recuerda.

Una solidaridad que Guerrero aprendió en la cuna, pues creció en una familia monoparental, al igual que su madre, a quien crió sola su abuela.

"Yo quería ayudar a esas mujeres porque es parte de mi propia historia: crear una familia sola en un país en el que no tienes ninguna ayuda del gobierno ni nada, todo lo contrario a Francia, donde sí hay una justicia", señala.

Además de su tienda, que inauguró este mes, Stella Pardo vende en grandes superficies multimarca de Estados Unidos, Francia, Japón, China o Italia, pero también en internet, y reconoce que ha sido un desafío encontrar el equilibrio entre la demanda y la capacidad de producción de las tejedoras, que tardan unos cinco días en hacer un jersey a mano.

"Este proyecto se hace con el corazón, pero sin olvidar que necesito tener un beneficio para poder seguir dando trabajo. Mi modo de pensar fue: si la gente está feliz, si ven que nos adaptamos a su realidad, van a tener un reconocimiento. Y la verdad es que sí se notan los resultados. Rápidamente la productividad aumentó", dice.

La respuesta también ha pasado por la sostenibilidad. Con los años ha aprendido que es bueno repetir los modelos más vendidos colección tras colección, tanto para sus clientas, que vuelven a por ellos, como para las tejedoras, que afianzan su dominio de la prenda, confeccionada cada vez con más calidad.

A estas piezas estrella se suman las nuevas propuestas de cada temporada, como blusas románticas, faldas abotonadas, bolsos de algodón trenzado... Todo hecho a mano y en pequeñas cantidades.

Guerrero trabaja ahora en una ampliación de su marca, para lo que busca talleres especializados en India o España donde aumentar su producción de algodón y calzado. Ya no la toman por loca, dice la diseñadora.

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