La irreverente Mónica Naranjo siempre se ha erigido como una incansable luchadora contra los estereotipos de la sexualidad y por ello nunca le ha temblado el pulso al asegurar que -pese a estar felizmente casada con Óscar Tarruella- siempre se había sentido atraída hacia ambos sexos. Consciente de que sus palabras han causado un gran revuelo en la opinión pública, la cantante insiste en que el campo de las relaciones íntimas es una "necesidad" y un "instinto" que todo el mundo debería tomarse con naturalidad.
"El sexo es un ingrediente fundamental en la vida de las personas, algo bueno, un instinto y una necesidad. Sigo preguntándome por qué sigue tratándose como un tabú o un tema prohibido si es tan beneficioso para nuestra salud", aseguró la estrella en una entrevista con el diario La Razón, antes de justificarse ante los repentinos ataques de sinceridad que definen su faceta pública.
"Es que creo que hay que ser muy sincera en la vida. No busco caer bien a la gente, aunque obviamente me gusta. Pero hay muchas personas que viven demasiado pendientes del qué dirán y creo que ese es un paso hacia una vida invisible. Soy muy visceral y no llevo bien callarme", explicó.
La conocida como 'pantera de Figueras' -quien protagonizó el pasado verano una multitudinaria gira de conciertos con Marta Sánchez por todo México- tampoco ha tenido nunca reparos a la hora de explicar en público cómo Aitor (20 años), a quien su pareja tuvo en una relación anterior, se ha convertido con el paso de los años en un hijo propio al que trata como si hubiera salido de su propio vientre, por lo que Mónica está convencida de que si en algún momento de su vida se encontrara un bebé en la puerta de su casa, no dudaría en adoptarlo.
"A veces le pregunto a mi marido qué pasaría si mañana nos dejaran un bebé en la puerta de casa. Yo lo tengo muy claro: si lo han dejado es porque querrán que lo criemos nosotros", aseguró la vocalista antes de explicar las razones que explican que su mente fantasee con ese tipo de situaciones.
"Cuando fui a Tailandia a visitar a una buena amiga, en un momento dado acabé con un bebé en brazos en medio de un mercado. Me quedé anonadada porque pensaba que me lo habían dejado para que lo cuidara un rato, cuando en realidad el hombre quería fotografiarme junto a su hijo porque le hacía gracia que fuera tan blanca. Es una mera anécdota, pero ahora no dejo de pensar que ese tipo de cosas podrían ocurrir cualquier día", reflexionó la artista.


