PANAMÁ Nacionales -  20 de diciembre 2013 - 15:25hs

Al transcurrir 24 años desde la invasión a Panamá, Noriega sólo piensa en reunirse con su familia

En su celda en una prisión panameña, el exdictador Manuel Noriega sólo piensa en pasar sus últimos días con su familia y no habla de la invasión de Estados Unidos a Panamá, que hoy hace 24 años lo derrocó del poder casi absoluto que mantuvo en Panamá.

Desde el 20 de diciembre de 1989, día de la invasión, el general Noriega ha estado en tres prisiones de países distintos: 20 años en el centro Correccional de Miami; dos años en la cárcel Santé de París; y otros dos años que lleva en la penitenciaría El Renacer en Panamá.

Eliseo Castillo, actual cónsul de Panamá en Nicaragua y amigo personal de Noriega, aseguró a la AFP que este año lo ha visitado en tres ocasiones en la cárcel El Renacer, la más reciente en septiembre pasado.

"Él sólo dice que ha sufrido mucho por 24 años de encierro y ya quiere estar en su casa cuidando a sus nietos", indica Castillo, quien añade que ese es el tema principal que el exgeneral conversa con los pocos amigos que "autoriza a visitarlo".

El Código Penal panameño establece que a los 70 años un reo puede recibir el beneficio de arresto domiciliario, que hasta ahora se le ha negado a Noriega, quien el 11 de febrero cumplirá 80 años.

En 1992, el exdictador, que se mantuvo en el poder de 1983 a 1989, fue enjuiciado por narcotráfico en Miami, Estados Unidos, y condenado a 40 años de prisión. Por su buena conducta su pena fue reducida a 20 años.

Cumplida su condena en Estados Unidos, Noriega fue enviado a Francia para enfrentar cargos por blanqueo de capitales. El proceso de París culminó con una condena a 7 años, de los que finalmente sólo purgó dos.

El 11 de diciembre de 2011, el exdictador fue extraditado a Panamá y recluido en la prisión El Renacer. En ausencia, Noriega ya había sido juzgado en Panamá y condenado a 60 años de cárcel por el asesinato de varios opositores a su régimen.

Castillo explicó que los fines de semana Noriega recibe en prisión a sus amigos, vestido con pantalón militar de camuflaje, playera -generalmente blanca- y lustrosos zapatos negros.

"Él solo quiere terminar tranquilo sus días con su familia. Su única preocupación es el encierro, su salud y retornar a su casa", explicó a la AFP el abogado Rolando Rodríguez, defensor de Noriega.

Según Rodríguez, el exhombre fuerte de Panamá se volvió un lector de los evangelios de la biblia y "no habla de la invasión ni tampoco de política", sino de "cosas espirituales y filosofía de la vida".

Durante sus condenas en Estados Unidos y Francia, Noriega sufrió dos infartos cerebrovasculares y, como secuela de sus padecimientos, arrastra su pierna izquierda y tiene escasa movilidad en su brazo izquierdo. Además, padece de hipertensión.

Desde que fue recluido en El Renacer Noriega ha sido llevado al hospital en al menos cinco oportunidades, aquejado por hipertensión, isquemia cerebral y coágulos en la pierna. En una de esas ocasiones permaneció internado por 20 días por bronquitis.

Expertos forenses de la Fiscalía hicieron una serie de recomendaciones y tratamientos que los médicos de la cárcel deben cumplir para garantizar la salud al ex dictador.

La antigua prisión de Gamboa, hoy llamada El Renacer, fue construida a inicios del siglo XX por Estados Unidos en las riberas del Canal, 25 km al noreste de la capital panameña.

El cónsul Castillo explica que la celda asignada a Noriega, quien está segregado de los presos comunes, cuenta con una amplia cama y un aparato de radio en el que escucha "todos los noticieros".

Según informes de la Iglesia católica panameña, durante la invasión murieron 560 personas, en su mayoría civiles. Datos extraoficiales indican que habrían fallecido hasta 2.000 personas. Por su parte, Estados Unidos afirma que 14 de sus soldados murieron.