Pues sí, ya me lo habían dicho. En parte mis amigos en la oficina y algunos de ustedes a través de redes sociales, no puedo estar fingiendo ser alguien que no soy, pero la verdad es que cada vez que me enamoro me pongo un poco tonto.
En mi naturaleza está complacer a las mujeres, ser condescendiente con ellas, darles lo que quieren...aunque creo que en esta vuelta me pasé un poco.
Al principio todo iba bien con Valeria. Aunque Paola y Hugo comenzaron a mandarme indirectas directas sobre cómo era ella, yo seguía sin escuchar las advertencias de mis amigos y por el contrario, cada vez estaba más metido en una relación que a mí por lo menos me hacía bien, o eso creía yo.
El tema es que mis ahorros seguían bajando y yo no tenía ningún plan de contingencia.
Cada viernes habíamos decidido celebrar nuestra semana juntos saliendo de shopping. Pero como se imaginarán a ella no le gustaba ir a sitios baratos. Con decirles que una vez pagamos por una falda $1.200. Una falda. Una sola falda. Aún no me lo creo.
En un punto de la relación ya no tenía ningún dólar en el bolsillo, ni en la cuenta ni en ningún lado. Pero Valeria, por su parte seguía inventándose cosas: tomando champaña cada vez que salíamos, pidiendo todos los platos del menú, planeando viajes sorpresas a Las Vegas.
Pero nuestra relación avanzaba y a pesar de la gastadera, yo estaba feliz. Valeria decidió presentarme ante su familia en una cena super yeyé en el Hotel Sortis. Lo único es que iba a ir su papá, su mamá, sus hermanas, su abuela, su tía, sus primas...y Víctor tenía que pagar todo.
Paola se cabreó conmigo ese día, me dijo que cómo me iba a poner a pagar esa cuenta que ese no era yo, pero ni de vaina hacer caso. Aparte ya tenía la ropa y el discurso preparado para que supiera quien sí es un verdadero yeyé.
Pero lo que yo pensaba que iba a botarla resultó ser tan chabacano, que Valeria me mandó a volar. Me dijo que estaba vestido como una valla con marcas por todos lados, un nuevo rico sin gusto, que ni se me ocurriera presentarme así ante su familia, ni volver a llamarla ni verla.
Y allí estaba yo, de nuevo solo, de nuevo dejado por una mujer que en lugar de apreciar lo que yo hacía por ella se burlaba de mí. Sí, podría parecer una valla andante no lo niego, pero lo hice por ella.
¿Entonces qué hacía? ¿Cómo me debía comportar con las mujeres? En poco tiempo ya había perdido a cuatro mujeres y lo único que había hecho era ser lo que ellas querían que fuera.
Yo sigo sin entenderlas ¿Alguno de ustedes lo hace?
Les mando un abrazo
Víctor, el no yeyé
FUENTE: Víctor



