Cultura Cultura -  14 de marzo 2014 - 10:46hs

Un libro levanta el velo sobre Anne Pingeot, "La cautiva de Mitterrand"

El 11 de enero de 1996, en el entierro de François Mitterrand, Francia y el mundo descubrían junto a la viuda oficial el rostro de Anne Pingeot, la "verdadera compañera" del ex jefe de Estado durante 30 años: el retrato de esta mujer secreta es objeto de un libro, "La cautiva de Mitterrand", de David Le Bailly.

Conmovedora para algunos, chocante para otros, la imagen dió la vuelta al mundo. Madre de Mazarine, la hija de Mitterrand que el presidente mantuvo oculta antes de reconocerla públicamente al final de su mandato, Anne Pingeot fue "la verdadera compañera de Mitterrand" en la última parte de su vida. "Lo acompañó durante treinta años, sólo se mostró en público el día de su entierro y desde entonces sigue recluida en el silencio", dijo a la AFP el autor del libro que publica el 19 de marzo en Francia la editorial Stock. "Su historia de amor es un secreto de alcoba convertido en secreto de Estado".

Para descifrar a esta "mujer enigmática, heroína novelesca pero ignorada" y reconstruir su vida, David Le Bailly, periodista en el semanario Paris-Match, investigó en Clermont-Ferrand, ciudad natal de Anne Pingeot, en el balneario de Hossegor donde se volvieron amantes en el suroeste de Francia, en París o Château-Chinon, bastión electoral de Mitterrand.

El autor se entrevistó con varios de sus allegados, sus colegas del museo del Louvre o de Orsay, donde Anne Pingeot fue conservadora, especializada en escultura del siglo XIX. Pero ella se negó a concederle una entrevista.

Nacida el 13 de mayo de 1943 en una familia burguesa de Auvergne (centro), Anne Pingeot es una típica representante de la Francia católica de derecha, de la que Mitterrand también era oriundo, señala el autor. "Era una especie de espejo de Mitterrand".

Para los sindicalistas que lo denunciaron después de la guerra, el abuelo de Anne, Henri Pingeot, pariente de los fabricantes de neumáticos Michelin, pertenecía a la categoría de notables "partidarios de una victoria alemana". Las fábricas Pingeot fueron además sospechadas "de servir como depósito de armas para La Cagoule", un grupo de extrema derecha, según el periodista.

Esta "chica bien" con grandes ojos azules, de aspecto modesto y corte de pelo recatado llega a París a los 17 años para hacer estudios de historia del arte. Visita a menudo a los Mitterrand --François y su esposa Danielle--, amigos de sus padres.

La historia de amor entre Anne y el futuro presidente de la república 27 años mayor que ella comienza en 1963. El es casado, tiene dos hijos y no se puede divorciar. Ella lo acepta. Las amigas de la joven ya acusan en aquella época a Mitterrand de "encerrar a Anne".

"Bajo su aire discreto y casi reservado se va forjando el carácter de una mujer muy fuerte, obligada a mantener todo en secreto, cautiva y permanentemente vigilada, junto con su hija Mazarine, tras la elección de François Mitterrand".

"Es el peor día de mi vida", dijo a una amiga, suspirando, aquel 10 de mayo de 1981. La hija de ambos, Mazarine, tenía entonces seis años. François Mitterrand la reconoce el 25 de enero de 1984 mediante un acta firmada en privado ante un escribano.

Anne Pingeot, que además mantuvo en secreto durante años el cáncer que padecía el presidente, "no se aprovechó de la situación para hacer carrera. Pero nadie pasa 30 años junto a Mitterrand sin relacionarse con el poder", estima el autor.

"Ella insistía para que se la considerase como cualquier otra conservadora del museo, pero ella sabía muy bien que todos sabían"", cuenta una de sus colegas.

Según David Le Bailly, es más que probable que, a semejanza de las grandes Reinas de Francia, haya dejado su marca en el patrimonio nacional, al velar de cerca por el Gran Louvre, es decir la transformación y renovación de uno de los museos más importantes del mundo.

Esta mujer de grandes conocimientos, escribe el autor, "sacrificó la fugaz gloria de las primeras damas (...) pero en el espacio cerrado de su prisión dorada tuvo más poder que cualquier ministro de Estado. Francia le debe, en buena medida, un magnífico museo y una pirámide de cristal, contemplada por millones de turistas".