El contagio empezó a aumentar después del mes sagrado de Ramadán, cuando familias y amigos se reúnen para festejar el fin del ayuno

AP

En el gran prado de exhibiciones de Bagdad, trabajadores con mascarillas arrastraban camas en salas improvisadas para el coronavirus, mientras médicos y funcionarios alertaban el domingo sobre un pico de casos de COVID-19 en la capital de Irak.

La temida previsión se ha hecho realidad en el país en medio de una crisis económica provocada por el derrumbe de los precios del petróleo. Crece el déficit presupuestario y empieza a haber escasez de equipos médicos, incluidos los materiales de protección. El límite a las nuevas contrataciones se sumará previsiblemente a las tensiones.

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El gobierno anunció la instalación de hospitales de campaña temporarios en distintos lugares de Bagdad, donde se registra el mayor número de infecciones. El sistema de salud iraquí ya estaba devastado tras años de conflictos además de la falta de infraestructura y fondos.

La construcción del hospital de campaña en el prado ferial, con camas para 400 hombres y 100 mujeres, comenzó el sábado . Agotados los camastros de hospital, los trabajadores trajeron camas de marco metálico.

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El contagio empezó a aumentar después del mes sagrado de Ramadán, cuando familias y amigos se reúnen para festejar el fin del ayuno. En menos de un mes, los casos se multiplicaron por 17 para superar los 29.000 el sábado, comparado con menos de 4.000 a fin de mayo. Las muertes superaron el millar, de acuerdo con cifras del ministerio de Salud.

El futbolista Ahmed Radhi, de 56 años, un ídolo nacional, murió el domingo debido a complicaciones del virus.

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