Benjamín Netanyahu

EFE

La normalización de relaciones de Israel con Marruecos refuerza aún más su pujante posición en el mundo árabe, supone otro logro diplomático para Benjamín Netanyahu y ha asestado un nuevo golpe a la causa palestina.

Marruecos es el cuarto país árabe que Israel añade en su lista de asociados en solo cuatro meses, tras Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Sudán -con este último no ha sellado un pacto final-, y podrían venir más en las próximas semanas, antes de que acabe el mandato de Trump en EE.UU. y ceda la presidencia al demócrata Joe Biden el 20 de enero, señalan analistas y fuentes diplomáticas israelíes.

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El anuncio ayer del presidente saliente de EE.UU. que Israel y Marruecos establecerían lazos diplomáticos fue una sorpresa grata para muchos israelíes -alrededor de un millón tiene orígenes en la histórica comunidad judía marroquí-, pero contrasta con el silencio palestino.

SILENCIO Y CONDENAS PALESTINAS

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La Autoridad Nacional Palestina (ANP) no se pronunció oficialmente sobre el acercamiento de Rabat con Israel, mientras que facciones como las islamistas Yihad Islámica o Hamás -que gobierna de facto en Gaza- lo consideraron una "traición" y un "pecado político".

Este paso asesta otro golpe a la causa palestina y resquebraja todavía más el consenso entorno a la Iniciativa de Paz de 2002: esta condicionaba la normalización de los países árabes con Israel a un acuerdo de paz y a la creación de un Estado palestino, pero lo sucedido en los últimos meses evidencia que la solidaridad con Palestina es cada vez menor.

"La posición diplomática" del liderazgo palestino "es cada vez más débil", remarca a Efe Bruce Maddy-Weitzman, profesor de historia de África y Oriente Medio de la Universidad de Tel Aviv, que a su vez, considera que pasos como el de Marruecos sirven para que gran parte de la clase política israelí "siga ignorando la cuestión palestina" y dejando de lado cualquier opción para retomar un proceso de paz.

UN LOGRO PARA MOHAMED VI Y NETANYAHU

Según el docente, para el rey marroquí, Mohamed VI, "la oferta sin precedentes" de Trump de normalizar vínculos con Israel a cambio del reconocimiento de EE.UU. de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental no se podía rechazar: supone "un gran logro diplomático" para el monarca, que "lo usará" para ganar legitimidad en su país y ante la comunidad internacional.

Supone también un triunfo en la esfera diplomática para Netanyahu, añade Maddy-Weitzman, que intentará sacar provecho de ello en un momento de incertidumbre política en Israel.

Su inestable Gobierno de coalición con su principal socio, Beny Gantz, está al borde del colapso, y el país podría ir a comicios en marzo -los cuartos en dos años- si ambos no se ponen de acuerdo para aprobar presupuestos antes del 23 de diciembre.

El Ejecutivo también podría caer si en las próximas semanas se aprueba una moción de la oposición para disolver el Parlamento.

Gantz la apoyó en lectura preliminar, y está pendiente de votarse en tres lecturas en pleno, por lo que Netanyahu calcula sus opciones e intenta mostrar sus logros ante unas elecciones que parecen más que inminentes. Según encuestas recientes, los resultados no le asegurarían poder formar Gobierno.

OTRA NORMALIZACIÓN VELOZ

Según la prensa, el primer ministro tenía previsto hablar hoy con Mohamed VI en una llamada telefónica en la que también participaría Trump, mientras sus países se preparan para avanzar velozmente con la normalización y establecer rápidas relaciones económicas, comerciales y a nivel turístico, como sucedió con Emiratos o Baréin.

Aerolíneas israelíes trazan ya sus planes para abrir rutas de vuelo directo con Marruecos, y se espera la apertura pronto de oficinas de representación mutuas en Rabat y Tel Aviv que más adelante lleven al establecimiento de embajadas.

ISRAEL SE REFUERZA AÚN MÁS

El acercamiento con Rabat supone otro paso adelante para reforzar la posición israelí en el mundo árabe y musulmán: "Marruecos se une a Egipto, Jordania (con los que Israel estableció relaciones en 1979 y 1994), EAU, Baréin y Sudán, y juntos están construyendo un eje diplomático en el que Israel" es "un miembro aceptado, incluso un amigo", remarca el analista Zvi Bar'el en el diario Haaretz.

Ante esta alianza, "otros países musulmanes como Pakistán, Malasia e Indonesia pueden considerar establecer lazos con Israel en el futuro", asegura, pero matiza que esto "no elimina las amenazas estratégicas" que el país enfrenta en la región.

"La paz con Marruecos o EAU no acaba con la amenaza iraní" ni "resuelve el conflicto palestino-israelí, que seguirá siendo la principal razón de hostilidad de la población árabe hacia Israel".

¿QUÉ PAÍSES SEGUIRÁN A MARRUECOS?

La "gran incógnita", ahora, es qué otros Estados podrían seguir los pasos de Marruecos bajo la iniciativa de Trump: este quiere irse "mostrando a su base" su firme apoyo a Israel y reforzar su legado "como un pacificador de Oriente Medio", opina Maddy-Weitzman.

Para Israel y EE.UU., "Arabia Saudí es el pez gordo", la monarquía más poderosa e influyente del Golfo a la que querrían sumar, pero el analista ve más probable que quién dé el paso sea Omán.

Los saudíes -que sí mantienen estrecho contacto con Israel entre bambalinas y son ambos enemigos de Irán- tienen "una posición prominente" en el mundo musulmán que les podría hacer ser más cautos, pero "podría haber una sorpresa", plantea el profesor.

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