Opinión Nacionales -  17 de agosto 2015 - 09:00hs

Cuestión de cercanías

Hace algunos años, tantos que revuelvo la mirada y siento espanto, elegí la descentralización y los gobiernos locales como tema de mi tesis doctoral en Derecho. Era la época en que aún no sabía que dejaría la toga colgada de la percha, sustituyéndola por la libreta primero y la cámara después.

Es decir, mi cariño con el tema que estos días tiene a los alcaldes y al Ejecutivo intercambiando pareceres, es de vieja data, por lo que espero que esta vez la cosa cuaje.

Este asunto de transferir competencias, poder y recursos desde el Gobierno central a los municipios, ha sido postergado muchas veces en Panamá, ubicándonos como el país más atrasado en materia de descentralización en esta parte del mundo.

Y eso es una lástima, porque fortalecer los gobiernos locales significa fortalecer la democracia. Nada menos.

No en vano el autoritarismo que campeó a sus anchas el pasado quinquenio, congeló la ley de descentralización aprobada en las postrimerías de la administración de Martín Torrijos. Es decir, el presidente Torrijos pateó la bola hasta el final de su mandato, evidenciando desinterés; mientras que Ricardo Martinelli la suspendió, en perfecta coherencia con su talante autoritario.

Ahora la cosa parece tener una nueva oportunidad, y me alegro. Y es que si se hace bien, el proceso de fortalecimiento de los municipios, debe propiciar un encuentro entre el ciudadano y las autoridades locales, fomentando la participación ciudadana y el rendimiento de cuentas de alcaldes y representantes de corregimientos.

Aclaro: no se trata de propiciar ciudadanos pedigüeños a escala local; todo lo contrario. La cosa va de gobiernos locales que tengan al ciudadano como componente vital, tanto en la toma de decisiones, como en la fiscalización de los recursos.

Es decir, el traspaso de competencias y dineros requiere controles y fiscalización. Todo un reto para un país con una institucionalidad tan precaria como la nuestra, y con un tejido social que tiene el “qué hay pa’ mí”, como filosofía de vida. ¡Todo un reto!

Y en ese complicado camino, el Atlas del Desarrollo Humano Local, Panamá 2015 , presentado hace unos días por el programa de Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD), se convierte en una hoja de ruta imprescindible.

Al revisar el documento para participar en el panel de presentación al que fui invitada por el PNUD, tuve una sensación de estar recibiendo una información repetida hasta la saciedad: Panamá la rica, pero desigual. Nada nuevo, fue mi primera reacción.

Sin embargo, como la verdad está en los detalles, la persistencia en la lectura tuvo su recompensa.

El Atlas del Desarrollo Humano Local, Panamá 2015 es una verdadera mina de oro, y llega justo cuando se requiere información detallada sobre la verdadera situación de cada región del país, para diseñar las políticas públicas y enfocar los recursos, siempre limitados, donde verdaderamente impacten, para ir cerrando esa injustificable brecha de desigualdad que hemos creado, mientras la riqueza desborda la copa de los privilegiados.

Tenemos frente a nosotros una nueva oportunidad; no podemos desperdiciarla. Los enemigos son los de siempre: la demagogia política, la incapacidad de la burocracia, la corrupción, la indiferencia, la mediocridad, la ignorancia.

Pero ahora, la cercanía entre funcionarios y ciudadanos que debe propiciar descentralización, promete mejores tiempos. Ojalá.