El ex presidente Nelson Mandela

AFP

Parado en el balcón de la habitación 306 del motel Lorraine en Memphis, Tennessee sur de Estados Unidos, en una clara y fresca mañana de noviembre del año 2000, Nelson Mandela no pudo hacer nada sino llorar.

En ese preciso lugar, Martin Luther King había sido abatido por un francotirador el 4 de abril, 32 años antes, terminando prematuramente con la vida de este defensor de los derechos civiles estadounidense, fuente de inspiración del líder sudafricano.

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"Aun varias décadas después de este trágico acontecimiento, no pude serenarme", dijo el expresidente sudafricano, quien luchó contra el régimen segregacionista del apartheid ante unos 7.000 jóvenes ese día.

"Fue demasiado difícil de soportar para mí", dijo citado ese día por el diario Memphis Commercial Appeal.

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Le costó seis años al museo nacional de derechos civiles, que conserva intacto el cuarto de King en el Lorraine desde la tarde en que el líder estadounidense murió, convencer a Mandela de acudir a Memphis para recibir su premio a la paz.

Y a diferenecia de anteriores galardonados, Mandela decidió en ese momento hacer del Lorraine, en el corazón de una de las ciudades más racistas que hubo en Estados Unidos, su primera parada en aquella visita que duró 24 horas.

"Lo dejó realmente conmovido", recordó Faith Morris, el directora de marketing y de asuntos gubernamentales y comunitarios del Museo, en entrevista telefónica con la AFP.

"Entendió exactamente cuál había sido la batalla del doctor King. Estaba muy afectado por los paralelismos en sus vidas", señaló.

Mandela "tuvo que sobreponerse a ello y tuvo una vida muy larga. (En cambio) King no tuvo la misma suerte".

El expresidente sudafricano, quien falleció el viernes a los 95 años, llevaba cuatro de un total de 27 años de encarcelamiento en la prisión de Robben Island y otras cuando Martin Luther King fue asesinado a los 39 años.

Y según el activista negro estadounidense, autor y locutor de radio Jeff Johnson, estas dos figuras están unidas por mucho más que el premio Nobel de la paz.

"Hay muchos paralelismos", dijo Johnson a la AFP, entre el joven King asistiendo a escuelas de teología, con la fuerte impronta de curas defensores de los derechos civiles, y el Mandela alumno de una escuela de derecho en la que se "preparó para ser un líder y entender la ley por la cual quiso luchar".

Cuando joven, el Mandela militante en el Congreso Nacional Africano (CNA) figuró entre los fundadores de la Liga de la Juventud de ese partido en 1944, compartiendo la misma visión de resistencia civil que los negros estadounidenses que en los años 1960 y 1961 manifestaron en el sur del país como nunca antes había sucedido.

"Creo que había una realidad de opresión compartida en ambos países que hizo que probablemente estuvieran más preocupados por asuntos raciales que cualquier otro país en el mundo", observó Johnson en entrevista telefónica desde Baltimore, Maryland.

"Esta hermandad de la opresión generó una fraternidad de activismo", añadió.

Cuando salió de la cárcel, Mandela abogó por los principios de no violencia defendidos por King y el indio Mahatma Gandhi, y destacó la importancia y el valor de la juventud para lograr cambios.

"Mandela entendió que si bien (la juventud) podía ser agresiva y muchas veces temible, sus líderes sentirían la necesidad de acercarse y dialogar con los dirigentes de la CNA", remarcó Johnson.

"No se puede separar realmente la carrera (de Mandela) de la del doctor King", opinó Jessie Jackson, de 72 años, quien subrayó cuánto la ley electoral de 1965 que otorgó el derecho de voto a negros estadounidenses repercutió en una similar de 1994 que permitió a los negros sudafricanos votar.

"Estuvo marcado por la persecusión y una búsqueda (interior) de dignidad", dijo Jackson.

"Tuvo la posibilidad de elegir entre la venganza y la reconciliación. Optó por la reconciliación como vencedora de ese sistema que fue el apartheid", concluyó.

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