Maíz

AFP

El gobierno de México prohibió el maíz transgénico y ordenó eliminar en los próximos tres años el uso del herbicida glifosato, una decisión que dividió aguas entre los ecologistas y el sector privado.

Mediante un decreto que entró en vigor el 1 de enero, el gobierno izquierdista de Andrés Manuel López Obrador establece que las autoridades de bioseguridad "revocarán y se abstendrán de otorgar permisos de liberación al ambiente de semillas de maíz genéticamente modificado".

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También ordena eliminar gradualmente las importaciones del grano transgénico durante los próximos tres años, cuando ya no se expedirán más licencias.

Con esta medida -argumenta el gobierno- se busca contribuir a la soberanía alimentaria y proteger el maíz nativo de México.

El maíz ocupa un lugar preponderante en la dieta de los mexicanos desde la época prehispánica. Se consume cotidianamente en las tortillas y es un ingrediente básico en platos tradicionales como los tacos.

La organización ambientalista Greenpeace aplaudió la decisión.

"Celebramos la prohibición del maíz transgénico y la prohibición progresiva del glifosato para 2024, pues son pasos importantes para avanzar hacia una producción ecológica que preserve la biodiversidad", señaló la ONG en un comunicado.

Greenpeace agregó que los transgénicos y el glifosato ponen en riesgo "la diversidad de variedades agrícolas conservadas en los campos que resultan fundamentales para la producción de alimentos".

El herbicida, al que algunas variedades de maíz transgénico son resistentes y se utiliza para eliminar plantas competidoras de los cultivos principales, será erradicado gradualmente hasta el 31 de enero de 2024.

El decreto indica que las dependencias del gobierno deben abstenerse de adquirir o utilizar el glifosato en programas públicos, y que se buscarán alternativas sostenibles para disminuir el impacto en la agricultura comercial.

Por tanto, siguen autorizados los "agroquímicos de baja toxicidad, productos biológicos u orgánicos, prácticas agroecológicas o con uso intensivo de mano de obra".

El glifosato es producido por el gigante estadounidense Monsanto, a su vez filial del grupo químico-farmacéutico Bayer.

Bayer enfrenta miles de demandas en Estados Unidos de pacientes afectados de cáncer que atribuyen su enfermedad al herbicida Roundup, cuyo principal ingrediente es el glifosato.

En contraposición a los ambientalistas, Proccyt, una organización que representa a la industria, calificó de "retroceso" el decreto del presidente López Obrador.

"Es una afrenta directa, abierta y ventajosa, (que terminará) afectando a todo el campo mexicano y poniendo en riesgo la estabilidad de precios y la disponibilidad de alimentos estratégicos como el maíz", dijo la asociación en un comunicado.

Proccyt advirtió que la norma condena a los productores mexicanos a perder competitividad frente a los agricultores que sí utilizan el pesticida, como los estadounidenses.

El uso de productos transgénicos y herbicidas es controversial en otros lugares de América Latina.

En octubre pasado, Argentina se convirtió en el primer país en aprobar la comercialización de trigo genéticamente modificado, en medio de una polémica por las consecuencias de esta decisión sobre la producción de trigo tradicional, mientras en Colombia son ampliamente cuestionadas las fumigaciones de cultivos de coca con glifosato.

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