EFE

En el mirador no cabe ni un alfiler, está repleto de visitantes con el rostro mojado y los ojos fijos en la pantalla del móvil. Lo que antes había sido rumor, ahora es ya estruendo, el de la furia del agua al estrellarse con violencia sobre el lecho del río. Y congeladas tras la cámara del celular, las Cataratas del Iguazú.