El director del director del Instituto Antártico Chileno (INACH), José Retamales, posando en la sede de ese organismo en Punta Arenas (Chile), donde Retamales, uno de los principales expertos a nivel mundial en el "continente blanco", señaló que "La Antártica es un continente en riesgo, sin duda"

Agencia EFE

Shetland del Sur (Antártica), (EFE). Medio de centenar de expediciones al "continente blanco" llevadas a cabo desde el año 1947 sitúan actualmente a Chile a la vanguardia de la ciencia antártica.

De los veinte países que actualmente desarrollan programas antárticos, sólo Chile y el Reino Unido disponen de estaciones, aeródromos, buques y aviones a disposición de los científicos.

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Además de una mayor presencia de Chile en los foros científicos internacionales, el número de artículos publicados por sus investigadores en revistas de prestigio es casi el mismo que el de los británicos.

"La Antártica nos puede ayudar mucho. Durante años nos hemos fijado en las ballenas, los pingüinos y las focas, pero no en el micromundo. Nuestro acento ahora está puesto en los microorganismos", explica a Efe el director del Instituto Antártico Chileno (INACH), José Retalames.

Este organismo es el encargado de realizar cada año la Expedición Antártica Chilena, cuya 49º edición concluye en estos primeros días de marzo tras cuatro meses de investigación llevada a cabo en terreno, principalmente en la llamada "Antártica marítima", el área que concentra el mayor número de especies de la flora y fauna del continente.

La primera Expedición Antártica Chilena se llevó a cabo a comienzos de 1947 con un clara intención política: reafirmar la soberanía sobre un área geográfica que Chile reclamaba como suya.

Esta zona, que quedó fijada en un decreto del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile de junio de 1955, establecía como territorio antártico las islas Shetland del Sur, la península Antártica, la llamada Tierra de O'Higgins y varias islas adyacentes, junto con una parte de la Tierra de Ellsworth.

Sin embargo, en 1959 Chile se adhirió al Tratado Antártico, que frenó las aspiraciones territoriales que mantenían diversos países y circunscribió las actividades en el continente a fines pacíficos.

Chile siguió adelante con sus expediciones antárticas, pero las aspiraciones soberanistas poco a poco fueron dejando paso a una mirada más científica que ponía el acento en la cooperación internacional y en la estratégica ubicación del país.

"A nosotros nos interesa mucho colaborar, porque en estos momentos Chile debe tener el triple de doctores que hace cinco o seis años; por eso estamos fomentando las redes científicas y hemos firmado convenios con varios países", señala José Retamales.

En los diez años que lleva al frente del Instituto Antártico, Retamales ha hecho de las expediciones científicas uno de los ejes centrales de su programa.

En la campaña antártica 2012-2013, que ahora está punto de acabar, se han llevado a cabo 57 proyectos (16 de ellos internacionales) con actividades sobre el terreno en diversos puntos de la Antártica, que abarcan desde las islas Shetland del Sur hasta el glaciar Unión.

El impulso a la ciencia antártica ha encontrado un sólido respaldo por parte de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica de Chile, un organismo que hasta hace dos años se había mantenido al margen de la investigación antártica debido a que los proyectos no se realizaban en territorio chileno.

Cambios en la legislación y en la mentalidad política han propiciado que ahora este organismo aporte anualmente dos millones de dólares específicamente para el desarrollo de la ciencia antártica.

Esta inversión se realiza a través del Programa de Investigación Asociativa, que tiene como objetivo unir a diferentes universidades en complejos proyectos multidisciplinarios, en áreas tan diversas como la geología, paleontología y microbiología.

Todo esto ha supuesto que cada vez haya más investigadores. En la 49ª Expedición Antártica participaron 116 científicos chilenos (casi el doble que el año anterior) y 53 investigadores extranjeros.

Durante la campaña de este año, los investigadores y el personal de apoyo han trabajado para mejorar las seis estaciones científicas chilenas en el territorio antártico.

Y por primera vez se realizó una expedición marítima para tomar muestras en bahía Margarita, al oeste de la Península Antártica, para proyectos de microbiología, ecología, ecofisiología, oceanografía física y estudios de calentamiento global y evolución del clima.

"A nosotros nos interesa especialmente la Antártica marítima, porque aquí es donde se concentra la mayor vida y más se nota el cambio climático", explica el director del INACH, quien para el año próximo ya está pensando en ampliar la movilidad de los científicos desplegando lanchas de investigación.

"Hay un gran crecimiento a nivel mundial de las patentes antárticas. El estudio de los microorganismos abre posibilidades extraordinarias para un mundo que, como la Antártica, tendrá que acostumbrarse a vivir en condiciones más frías", asegura Retamales.

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