Usina de Arte

EFE

El ingenio azucarero de Santa Terezinha llegó a ser el mayor de Brasil en la década de los cincuenta del siglo pasado. Ahora, este complejo situado en una zona rural del estado de Pernambuco resurge convertido en un gran museo a cielo abierto en pleno bosque.

Las treinta hectáreas del área logística, que contaban con una línea férrea y hasta un hangar propios para evacuar la producción de azúcar, ahora albergan lagunas, un jardín botánico y especímenes de la fauna silvestre que dividen el espacio con una escuela de música y obras de artistas contemporáneos de Brasil y otros países.

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A 130 kilómetros de Recife, la capital regional, y a diez del casco urbano de Agua Preta, está localizada la Usina de Arte, un proyecto de la familia Pessoa de Queiroz, propietarios del ingenio azucarero desactivado a finales de los años noventa.

El premiado artista visual cubano Carlos Garaicoa, su colega uruguayo Clemente Padín, el español de origen francés Joan Barrantes y el brasileño José Rufino, comisario del parque-museo, han tenido pasantías artísticas en un lugar que ya fue proyectado como "instrumento de renovación" en la carente región, según su creador.

"Es una provocación para darle un nuevo significado al pasado y rediseñar las perspectivas del futuro", tanto del arte contemporáneo como de las comunidades aledañas al proyecto, incluida una de quilombolas -descendientes de esclavos negros-, comenta a EFE Ricardo Pessoa de Queiroz, fundador en 2015 de la Usina de Arte.

Pessoa de Queiroz y su esposa se inspiraron en Inhotim, uno de los mayores parques-museo de Suramérica localizado en Brumadinho, región metropolitana de Belo Horizonte, la capital de Minas Gerais, y que fue proyectado por el empresario Bernardo Paz y el paisajista Roberto Burle Marx.

El parque-museo ganó repercusión internacional este año con la gigantesca reproducción de la vulva de una mujer, esculpida en una de las laderas por la artista Juliana Notari, una obra que alzó la voz contra el "abuso secular" sufrido por las mujeres y "abrió" las "heridas" de una cultura aporreada por el actual Gobierno.

IMPACTO POSITIVO EN LA COMUNIDAD

Con un impacto económico, cultural y, principalmente, educativo en la pobre región de la Mata Pernambucana, la Usina de Arte abrió sus puertas para la enseñanza de música y la escultura beneficiando no solo a los jóvenes, sino también a personas mayores que nunca tuvieron contacto con el arte.

El soldador Rolando Tavares, quien se desempeña también como conductor de una cuatrimoto que arrastra vagones para el desplazamiento de los visitantes dentro del recinto, terminó "contagiándose" de arte y tiene una creación suya expuesta, al lado de otras obras de artistas consagrados.

"Soy empleado del jardín botánico, pero estuve dentro de la bodega dando una mirada, en la chatarra, y pensé en hacer una obra de arte con piezas y traerla al jardín botánico. El nombre de la obra es 'Renacer', porque tenemos que renacer de verdad como la usina", declara Tavares a EFE.

Las clases de música ofrecidas a los niños y jóvenes de la región han contribuido desde sus inicios para que los alumnos de los colegios y escuelas rurales vecinos alcancen un desempeño destacado en diversas pruebas de conocimiento y evaluación de la calidad educativa en el estado de Pernambuco.

CASA DEL ARTE CONTEMPORÁNEO

Con Rufino como curador, varios artistas de la ola contemporánea, todos con exposiciones a nivel internacional, como el ucraniano residente en Estados Unidos Vadim Karchenko y el estadounidense S. Shigley, además de los ya mencionados, han pasado por la Usina de Arte.

Entre los brasileños sobresalen los nombres de Iole de Freitas, Hugo França, Marcelo Silveira, Marcio Almeida, Paulo Bruscky, Flavio Cerqueira, Frida Baranek, Liliane Dardot, José Spaniol, Paulo Meira, Vanderlei Lopes, Sain Clair Cemin, Georgia Kyriakakis, Arthur Lescher, Carlos Vergara y Julio Vilani.

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