Grecia solicitó el jueves una extensión de seis meses a su acuerdo de rescate, pero no de las medidas de austeridad asociadas, en un último intento de desbloquear las negociaciones con sus acreedores europeos sobre su congelado programa de rescate y la incertidumbre sobre el futuro del endeudado país en el euro.
El ministro holandés de Finanzas, Jeroen Dijsselbloem, que preside las reuniones del eurogrupo, dijo que los ministros de Finanzas de la eurozona se reunirían en Bruselas el viernes, cuatro días después del colapso de las últimas conversaciones.
La propuesta del jueves pretende "proporcionar un paraguas de protección para el sistema bancario" griego, señaló una fuente del gobierno.
Hablando bajo condición de anonimato como es habitual para tratar el tema, la fuente señaló que la ampliación afectaría al acuerdo de préstamo que ha mantenido a Grecia a salvo de una bancarrota desde 2010, y cuya pieza central expira en nueve días.
Sin embargo, la fuente señaló que Atenas no solicita una extensión de los recortes de gastos, subidas de impuestos y reformas que han sido una condición clave del programa, pero también hundido más la economía helena en la depresión con un desempleo récord.
Los países de la eurozona habían dado a Grecia hasta el viernes para aceptar tanto una extensión de sus préstamos y sus medidas de austeridad presupuestaria.
Las acciones griegas subieron un 1,5 por ciento tras las últimas noticias en las operaciones del mediodía, mientras que el índice Euro Stoxx 50 estuvo plano.
El vocero del gobierno heleno, Gavriil Sakellaridis, dijo antes el jueves que Grecia está haciendo todo lo que puede para alcanzar un acuerdo rápido y aceptable con los otros 18 países europeos del euro.
El acuerdo de rescate europeo expira el 28 de febrero. Si para entonces no se alcanza un acuerdo, el Banco Central Europeo se enfrentaría a una creciente presión de los gobiernos de la eurozona para que corte el financiamiento de emergencia para los bancos griegos.
Eso podría colocar presión sobre el sistema financiero heleno de tal calibre que el gobierno podría verse obligado a emitir su propia moneda y abandonar el euro, el peor resultado posible para todas las partes. Los países europeos podrían tener que asumir pérdidas por sus préstamos a Grecia, que a su vez sufriría terriblemente, al menos a corto plazo.
Una nueva moneda griega perdería valor de inmediato, llevando el coste del combustible y de productos clave para consumidores, la mayoría importados. Eso supondría un gran golpe para una sociedad donde la tasa de pobreza se ha disparado, los ingresos medios han caído al menos un tercio y uno de cada cinco trabajadores está desempleado, la mayoría a largo plazo.