La cantante Adele no pudo evitar romper a llorar en el escenario del mítico teatro londinense Palladium y como resultado del nerviosismo que la invadió en medio de su primer concierto en nada menos que cuatro años. La última vez que la diva británica actuó en riguroso directo fue en el marco de los dos conciertos finales que ofreció en el estadio de Wembley, a finales de 2017, tras una gira mastodóntica a lo largo y ancho del planeta.
Afortunadamente, Adele se comportó como toda una profesional y consiguió que, además de ser técnica y vocalmente casi perfecto, su concierto de este fin de semana en el Palladium se viera definido por la intensidad de las emociones que proyectaron tanto la artista como su público. Por tanto, el espectáculo se convirtió en el mejor escaparate posible para las canciones de su nuevo disco "30", incluido el primer sencillo "Easy On Me".
"Adele fue espontánea y muy divertida sobre el escenario, pero era evidente que se sentía bajo mucha presión. Sonó mejor que nunca, pero hubo un par de errores al comienzo de varias canciones, ya fueran técnicos o ligados a sus nervios. Pero nada de esto tuvo mucho impacto en la calidad del concierto, fue muy emotivo y no dejó a nadie sin haber vertido algunas lágrimas", ha explicado uno de los asistentes al diario The Sun.
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