Un mortífero ataque suicida a un autobús de cristianos surcoreanos que visitaban sitios bíblicos en Egipto e Israel ha generado temores de que los milicianos islamistas en la península del Sinaí están atacando a turistas extranjeros, lo que supone un golpe para un sector vital de la economía egipcia.
A pesar de su resistencia a los ataques previos, el turismo egipcio padece los tres años de trastornos políticos que alejan a los visitantes. Aunque se esperaba una reanimación, las cifras de visitantes extranjeros el año pasado fueron las más bajas desde 2011, cuando una insurrección derrocó al autócrata Hosni Mubarak.
El nuevo ataque podría ser aún más perjudicial porque amenaza una región donde el turismo se mantenía floreciente: las playas del mar Rojo en la península del Sinaí. Esos balnearios en las costas oriental y austral del Sinaí, muy populares entre los practicantes de buceo y los europeos que huyen del invierno, no se habían visto afectados por el malestar político del valle del Nilo ni por la ola de violencia islamista en la costa del Mediterráneo.
Desde que el ejército derrocó al presidente islamista Mohammed Morsi el año pasado, los milicianos libran una campaña de ataques con bombas y armas dirigida contra los militares y el ejército. La incipiente insurgencia se inició en el norte del Sinaí, pero se extendió a El Cairo y otras ciudades.
En principio nadie se atribuyó el ataque del domingo al autobús en Taba, un balneario del Mar Rojo en la frontera con Israel. Los ataques suicidas son característicos de las milicias inspiradas en al-Qaida en otras partes del mundo.
El autobús, que llevaba a más de 30 cristianos surcoreanos, su guía egipcio y el conductor también egipcio, estaba a punto de entrar a Israel, en la etapa siguiente de una gira por lugares bíblicos luego de una visita al antiguo Monasterio de Santa Catalina en el Sinaí.
El conductor y dos pasajeros bajaron del vehículo para verificar la bodega de equipaje. Cuando regresaban, el suicida subió al vehículo y detonó sus explosivos, dijo el vocero del ministerio del Interior, Hani Abdel-Latif.
La explosión destrozó el autobús, mató al conductor y tres surcoreanos y causó heridas a por lo menos 12 turistas más, dijeron funcionarios de seguridad egipcios, que hablaron bajo la condición de no ser identificados.