Construyó un estanque para cultivar tilapias, que vende en la comunidad para sustentarse

AFP

El sacerdote salvadoreño Moisés Rutilio Morán no se quedó cruzado de brazos cuando la pandemia de covid-19 obligó a cerrar el templo a su cargo: construyó un estanque para cultivar tilapias, que vende en la comunidad para sustentarse y pagar a sus empleados.

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Convencido de que "la iglesia no debe ser una carga para la comunidad", Morán junto al sacristán y otros colaboradores construyeron una pequeña pecera entre los árboles aledaños al santuario de Nuestra Señora del Rosario, en Santa Ana, 60 km al noroeste de San Salvador.

"Yo sé predicar, dar catequesis, dirigir grupos, pero impulsar un proyecto de tilapias nunca. Por eso los primeros diez días fueron duros y tuvimos pérdidas por la muerte de muchos ejemplares de distinto tamaño", contó Morán a la AFP.

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Con 41 años de edad y 17 de ser ministro de la iglesia, el padre "Moi" como le llaman algunos feligreses, es el décimo tercer miembro de una familia de 14 hermanos, en la que también figuran otros dos sacerdotes.

Con el cierre de las iglesias en El Salvador para evitar el contagio del nuevo coronavirus, el sacerdote Morán comenzó a transmitir la misa por Facebook y Youtube.

Al terminar la eucaristía le comenzaron a llegar mensajes de personas que pedían ayuda o reportaban que algunas familias necesitaban alimentos.

Conmovido por el impacto de la pandemia, Morán dice que en un camión recorrió la ciudad de Santa Ana para recoger víveres y pudo ayudar a 1.700 familias "no solo de pobres con casas de lámina", sino hasta de abogados, ingenieros o comunicadores que perdieron sus empleos.

Cuando llegó la ayuda del Estado a la población dejó de buscar alimentos para los necesitados, pero se percató de que no tenía recursos para pagar los servicios de electricidad, agua, teléfono e internet.

"Entonces el proyecto nació por la necesidad que teníamos, es como pedir ayuda a la gente sin tener que decirle 'deme diez o veinte dólares', sino que le vendemos la tilapia a bajo costo y nos ayudamos en forma recíproca", explicó.

"Cuidar las tilapias es una atención de tiempo completo", comentó el sacerdote.

En una improvisada mesa a un costado de la pecera, el sacristán Roberto Rivas, de 65 años, es el encargado de sacar las vísceras a las tilapias.

"Aquí estamos laborando mientras allá (en el templo) no se pueda hacer nada, aunque espero que pronto se abra porque en estos tiempos de angustia la feligresía necesita que le acompañemos", dijo Rivas a la AFP.

Después de cinco meses de cierre por orden de la Conferencia Episcopal de El Salvador (Cedes), las iglesias esperan reabrir a los feligreses el 30 de agosto.

En la pecera, el encargado de atrapar las tilapias con un pequeña red, "al gusto del cliente", es William Hernández, de 42 años, quien se quedó sin empleo luego que la farmacia en la que laboró durante 16 años cerrara por la crisis.

Hernández se siente "afortunado" de tener el empleo con el que mantiene a su esposa, dos hijos y su madre.

"Si el cliente no puede venir, le llevamos a la puerta de su casa el pescado", comentó Omar Blanco, de 29 años, quien es uno de los dos motociclistas que hacen "delivery".

Mientras muchos párrocos despidieron a sus empleados por falta de recursos, Morán tuvo que contratar nuevos empleados, lo que le ha valido elogios en la misma iglesia.

"Es una excelente iniciativa descubrir fuentes de trabajo en medio de una situación difícil en la que tenemos que reinventar los métodos (gestionar los recursos) de la iglesia", declaró a la AFP el sacerdote Óscar Lagos, quien, hielera en mano, llegó a comprar tilapia.

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