Brasil Internacionales -  22 de enero 2021 - 20:56hs

Jóvenes aportan su grano de arena frente a la emergencia sanitaria en Amazonas

Haylena Barbosa nunca imaginó el colapso al que su Manaos natal llegaría durante la vertiginosa segunda ola de la pandemia , pero lejos de abatirse, realiza a diario donaciones, alentada por la también inesperada respuesta altruista de parte de la sociedad.

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"Seguíamos las noticias y decidimos hacer algo", explica a la AFP la joven, de 22 años, durante su ronda de entregas de almuerzos en la capital del estado brasileño de Amazonas .

El colapso del sistema de salud de Manaos llegó a su ápice a mediados de enero, con la muerte de decenas de personas por asfixia a causa de la falta de oxígeno en los hospitales desbordados con la explosión de casos.

Bajo el impacto, Haylena y sus amigos empezaron a pedir ayuda en las redes sociales para colectar donaciones.

El primer día repartieron alcohol en gel y papel toalla.

Una semana después, además de 120 almuerzos diarios, distribuyen equipos médicos, reciben donaciones de otros estados y llevan insumos a ciudades del interior de este estado de 4,2 millones de habitantes.

"No imaginamos la proporción que esto tomaría", dice emocionada la joven menuda y de voz dulce, que interrumpió su trabajo en una empresa familiar para dedicarse a estructurar la red de ayuda.

El día comienza cuando su amigo Gustavo Maia, de 23 años, llega a su casa para elaborar el plan de la jornada.

"Poco a poco nos hemos organizado. Conseguimos contactos en algunos hospitales y nos indican las medicinas y equipos que necesitan", explica Haylena.

Compran los insumos con el dinero que recaudan y los distribuyen junto con los almuerzos para el personal médico en la línea de frente contra el covid-19 .

Presentan una rendición de cuentas, bajo el nombre "Acción Covid", en las redes sociales.

"Al final del día no queda nada, pero a la mañana siguiente aparecen donaciones nuevamente", dice Gustavo, sonriendo bajo una doble máscara. "Es increíble, sólo Dios lo explica".

El grupo de amigos se prepara para realizar este fin de semana una de sus operaciones más ambiciosas: llevar 40 cilindros de oxígeno a una ciudad a 4 horas de distancia. "Me enteré de la distancia anoche", dice Gustavo, sin perder su sonrisa.

Tanto Haylena como Gustavo contrajeron el covid-19 el año pasado y ahora temen reinfectarse y exponer a sus seres queridos, pero dicen estar dispuestos a continuar infatigablemente con la misión que se propusieron.

Las respuestas solidarias cuentan en Manaos con otros ejemplos.

Thalyta Tamer, de 22 años, se convirtió en una de las tres personas que hacen de puente entre los médicos desbordados por el trabajo en el Hospital Joao Lúcio y los familiares de los pacientes, que no pueden visitarlos para evitar contagios.

Esta exempleada del servicio social de una empresa pública no dudó en postularse al cargo, que pone a prueba a diario su empatía y su solidez emocional.

Carla Cristine es una de las personas a quien ayudó, poniéndola en videollamada con su padre.

Tras culminar la llamada, la mujer estalla en lágrimas.

"Los médicos están muy ocupados y gracias a ella puedo hablar con mi papá a diario, no tengo cómo agradecerle", afirma.

Pero la joven ya está hablando con otro familiar, que le entrega el documento de identidad de un paciente para que ella lo ayude a localizarlo.

"Doy lo mejor de mí para ayudar a estas personas. Los trato como si fuesen mi familia. Mi trabajo es aliviar el dolor", dice por la noche, cuando dispone de unos minutos para conversar.

Aunque el día a día es difícil, la joven espera graduarse este año en servicio social y dice que no todo es tristeza: "Me alegro con las altas, con las victorias".

Thalyta también celebra haber recibido la primera dosis de la vacuna contra el covid-19. "Por la noche reflexiono sobre lo que estamos viviendo. Hay que tener fe y fuerza y creer que todo esto va a pasar", afirma.