El apoyo a miles de personas migrantes, muchos víctimas de la violencia y hasta presos y a los afectados por los ataques sexuales, concentra la actual gestión latinoamericana del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).
El nuevo jefe de la delegación regional de la CICR para México, Centroamérica y Cuba, el español Jordi Raich Curco, declaró a Efe que están enfocados "en colaboración con los comités nacionales" en darle apoyo humanitario a los desplazados, principalmente en el Triángulo Norte de Centroamérica (El Salvador, Guatemala y Honduras) y México.
Anualmente al menos 24 millones de dólares destina la institución humanitaria en la región para atender sus actividades, precisó.
Con casi cinco semanas en el cargo, pero desde 1986 vinculado a organizaciones humanitarias desde su natal Cataluña, Raich especificó que a la sede regional, en México, llegó luego de tres años en Somalia.
El panorama en la región, dijo el activista humanitario, "en un contexto muy diferente al de Somalia, presenta unas características muy parecidas en términos de consecuencias humanitarias".
"Encuentro unas poblaciones residentes, desplazadas internas o migrantes, que acaban en prisión o algunas mal heridas, desaparecen o acaban muertas no identificadas, sin que sus familias sepan", explicó.
A diferencia de los años 70 y 80 del siglo pasado, de violencia política, particularmente en Centroamérica, la región sufre actualmente el desplazamiento interno por el "entorno de violencia que es la que genera" ese éxodo entre ciudades o lleva a cruzar las fronteras.
En cada país está dividido este contexto, "con sus propias dinámicas, y lo que el CICR intenta es atender tanto las necesidades físicas como psicológicas de todas esas personas (...) también hay mucho apoyo en la prevención, en el trabajo con las autoridades".
"Por ejemplo en legislación, trabajando en el respeto de los derechos de los detenidos, todo enfocado a atender lo que ocurre, enfocado en la medida de lo posible a prevenir que siga ocurriendo o por lo menos a disminuir", señaló.
Reconoció que "es difícil" establecer, por varias razones, la cantidad de personas que ayudan en un año, como también "es difícil de saber cuantas problemáticas hemos podido prevenir".
Particularmente, en Panamá al menos el 65 % de los reos que hay en el Centro La Joya, de la capital del país, recibe "algún tipo de asistencia del CICR", y "unos centenares de migrantes", aseguró.
Reconoció que en Latinoamérica, "las instituciones y la sociedad civil son muy fuertes" y eso es un apoyo para su gestión e hizo énfasis en que Panamá cumple un rol "continental" para el CICR, por su alta conectividad tanto logística, como de comunicación, portuaria, aérea y financiera, lo que facilita su labor.
Raich continuará su gira por las oficinas de la Cruz Roja en los países de la región y su responsable en Panamá, Giuseppe Renda, viajó hoy a Nicaragua para analizar "in situ" la crisis interna que vive ese país, en donde "desde el día dos del inicio de la protesta tenemos expertos y voluntarios apoyando a los heridos".
"La vida me llevó a este trabajo, cuando de joven comencé sin plata (dinero) me eche la mochila al hombro y marche a África y un viaje que debía ser de dos semanas se convirtió en uno de cinco meses dando vueltas, y el contacto con esas realidad me cambió completamente la forma de pensar y cuando regresé a España dije yo quiero trabajar".
Su gestión humanitaria lo ha llevado, además de África, a Colombia, El Salvador, Guatemala y Perú, por lo que con esa experiencia le permite seguir desarrollando su labor de "ser intermediario neutral", porque "se ha dado una evolución de las formas de violencia, de bandos conocidos al pandillerismo".
"A pesar de las formas de violencia más difusas", los voluntarios cruzrojistas entran a las zonas conflictivas que consideran seguras "porque primero hablamos con todos los actores", para atender las consecuencias humanitarias de esas "nuevas" realidades, dijo.
FUENTE: EFE