Muerte de Manuel Antonio Noriega revive dolor en El Chorrillo. Foto/AFP

AFP

A pocos días de su muerte, el exdictador panameño Manuel Antonio Noriega todavía levanta pasiones en el popular barrio de El Chorrillo, arrasado en 1989 por la invasión estadounidense que puso fin a su régimen.

Noriega murió el 29 de mayo en el hospital público Santo Tomás en la capital panameña, donde permanecía recluido tras una operación de un tumor cerebral benigno realizada en marzo.

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"Dicen que Noriega no murió", vocifera un hombre de edad avanzada y con bigote, mientras observa junto a un grupo de personas una partida de dominó en una plaza.

Algunos de los presentes, sin perder de vista las fichas de los jugadores, lanzan alguna carcajada.

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La escena tiene lugar en el "Parque de los aburridos", una pequeña plaza donde jubilados, amas de casa y niños pasan el tiempo en alguna de sus bancas, en el barrio capitalino de El Chorrillo.

La plaza cuenta con mesas y sillas de madera para jugar al dominó, lo que lo convierte también en un centro de discusión.

"Él (Noriega) hizo bastantes cosas buenas, como también hizo cosas malas, ¿quién está para juzgar a otra persona? Nadie. Todos cometemos errores. Él venía aquí al parque y ayudaba a los pobres", argumenta a la AFP Flor, una jubilada que carga a su nieta en brazos.

Manuel, junto a otro grupo de amigos, sostiene que Noriega "no fue una persona mala con la gente acá del barrio. En mi forma de pensar a Noriega le formaron un monstruo", dice, mientras otros rechazaban con gestos y ademanes sus palabras.

Noriega "nunca fue un líder" y la "avaricia de poder lo estaba suprimiendo", contesta a la AFP José Reyes, un extrabajador del Canal de Panamá que no guarda buenos recuerdos del dictador.

"Suprimió la libertad de muchas personas, coaccionó la prensa, a muchos empresarios y desaparecieron muchos elementos de la sociedad que estaban en contra de él", añade Reyes, mientras descansa antes de volver a jugar una partida.

Pero la muerte de Noriega ha vuelto a traer a la memoria de los habitantes de este popular barrio azotado por la pobreza, la invasión estadounidense del 20 de diciembre de 1989.

El Chorrillo, por aquel entonces repleto de casas de madera, fue el primer blanco de los ataques estadounidenses por encontrarse allí el cuartel general desde donde Noriega dirigía a sus soldados.

El barrio queda cerca de la antigua Zona del Canal, que entonces estaba bajo soberanía estadounidense y donde se encontraban las bases militares norteamericanas desde las que partió la invasión.

"Mucha gente muerta en el piso por aquí, que gritaba que no los mataran, (...) esto quedó hecho añicos", dice a la AFP Olga Cárdenas, quien formaba parte de un batallón creado por Noriega para enfrentar la invasión.

Pese a todo, "el tipo (Noriega) fue un tipo de verdad, no habló nunca ni sapeó a nadie", añade Cárdenas en el mismo lugar donde se ubicaba el cuartel de Noriega y hoy es un parque con juegos para niños.

César Sánchez, un ingeniero jubilado, recuerda que se encontraba lavándose la cara poco antes de la medianoche cuando empezó a escuchar los sonidos de los helicópteros estadounidenses.

"Vi correr mucha gente que venían huyendo de los bombardeos, luego vi en llamaradas las casas. Aquí murió mucha gente inocente", indica a la AFP.

Sánchez cree que Noriega "simplemente defendía su formación militar y su bolsillo. Nadie amó a Noriega", manifiesta.

Según cifras oficiales unas 500 personas murieron durante la invasión, aunque organizaciones defensoras de derechos humanos elevan ese número a varios miles.

"La gente quería salir de las casas y no podían salir al ver que se estaban quemando. Yo vi a una señora que tiró a la hija para que se salvara", afirma Flor.

En 1999 Estados Unidos entregó el Canal a Panamá y desmanteló sus bases. El Chorrillo fue reconstruido tras la invasión, pero ahora es azotado por la pobreza y la delincuencia.

Tras la invasión, Noriega fue condenado en Estados Unidos y Francia por narcotráfico y blanqueo de capitales. En 2011 París lo extraditó a Panamá para cumplir tres condenas de 20 años cada una por la desaparición y muerte de opositores durante su régimen (1983-1989).

Cae la tarde y siguen los golpes de las fichas de dominó contra la mesa en el parque. Reyes mira a sus jugadores y dice: "Ellos no quieren hablar de eso, es muy triste, perdieron familiares".

"Francamente nunca hubo una confrontación, el gobierno americano abusó del pueblo panameño", añade.

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