Una de las preguntas más frecuentes, principalmente para los que están buscando nuevo hogar en el 2021 según Arturo Saenz, consultor en estructuras arquitectónicas saludables, será: ¿Estoy en un edificio sano? ¿Cuáles son las políticas de mantenimiento y limpieza? ¿Está certificada esta oficina con buenas prácticas? ¿Cómo puedo proteger a mi familia? ¿Cómo tengo más salud y cómo subo mi sistema inmune? ¿El lugar en donde vivo, me genera bienestar?
La definición de bienestar en la esfera personal recae sobre nosotros como seres individuales y nuestra habilidad de estar convencidos, de tener la capacidad en el momento y de tomar las mejores decisiones.
Mientras, la definición de bienestar en la esfera colectiva es aquella que el COVID-19, nos llama a cambiar. Aquí se habla de muchas gestiones que caerían en generación de políticas, proyectos y normas de produzcan bienestar distribuidas en los niveles socioeconómicos y ambientes.
Desde la aparición del COVID-19, nos genera la preocupación por el aire que respiramos y hemos estado en alarma por la ventilación, filtración, control de humedad y hasta remodelaciones físicas. Si bien es cierto, el aire es el primer tema dentro de la norma internacional de bienestar, sin embargo, la definición se completa al estudiar otros factores como el agua, la luz, la temperatura, el olfato, la comodidad, el sonido, el fomento a la buena nutrición y a no ser sedentarios.
FUENTE: Luis Diaz Govea

