AFP

Al pie de las primeras dunas del Sáhara, tribus antaño nómadas se adaptan a los nuevos tiempos. "Aquí ofrecemos todo tipo de turismo, en particular el turismo de salud", clama Abdesalam Sadoq.

Y es que los baños de arena, la denominada "arenoterapia", es una actividad en pleno auge.

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Mientras el sol matinal pugna por aparecer detrás de las cimas de Erg Chebbi, las más altas de Marruecos (hasta 150 m), unos jóvenes ya están en plena actividad y cavan decenas de agujeros cerca de las jaimas que sirven para albergar a los turistas.

Muchos de ellos son de la tribu bereber de los Ait Atta, antiguos nómadas que vivieron mucho tiempo del comercio transsahariano. De esta época subsiste, en los confines del sur marroquí, un cartel que indica la dirección de Tumbuctú (Malí), a 52 días en camello.

Durante la colonización, el desarrollo de las actividades mineras y la emergencia de centros urbanos, así como la demarcación de la frontera argelomarroquí, acabaron con este modo de vida.

Las tribus, que empezaron a asentarse en la región del Tafilalet, en el extremo sureste del reino, tuvieron que inventarse durante la segunda mitad del siglo pasado, nuevas formas de subsistencia, que van desde el cultivo de dátiles hasta todas las actividades relacionadas con el turismo.

Gracias a su erg de 20 km de largo y cinco de ancho, Merzouga, con sus puestas de sol espectaculares, ha sabido explotar este filón.

Aunque, en los últimos años, debido a la crisis económica y a las nuevas tendencias del mundo moderno, el pueblo ha tenido que revisar su oferta.

Más allá del tradicional paseo en camello y de dormir en las jaimas tradicionales de los berberes, "proponemos todo tipo de turismo, en particular el de la salud", dice Abdessalam Sadoq, presidente de un sindicato de iniciativa local.

"La gente viene para hacer baños de arena (...) o degustar platos a base de plantas medicinales", dice este sexagenario, vestido con la túnica azul tradicional de los nómadas.

En Marruecos, donde la industria turística representa el 10% del PIB, la arenoterapia acaba de ser identificada como un eje mayor de desarrollo del "turismo de salud y bienestar", un sector que generó en 2013 unos 500 millones de dólares a escala mundial.

El reino es en este sector el país de la región de Oriente Medio y África del norte que más crece (+67% desde 2007).

Como su nombre indica, una sesión de baños de arena consiste en permanecer enterrado, durante una decena de minutos, bajo la arena caliente, "con vigilancia médica constante", según sus promotores.

Este calor "relajante" cura, según sus adeptos, el reúma, la poliartritis, las lumbalgias y algunas enfermedades de la piel. Al igual que la sauna, también facilita la eliminación de toxinas. Y al parecer, es un excelente exfoliante.

Original de Beni Mellal, una ciudad del centro de Marruecos, Ali Kallamouche, dice que esta terapia le ha conquistado después de sufrir durante años de ciática. "Gracias a Merzouga, me he curado y estoy mucho mejor. Cada año vengo una semana", explica.

Un baño de arena cuesta entre cinco y diez euros. Al final, para que el cuerpo no se enfríe de manera brutal, los "bañistas" son envueltos en una manta caliente. O pueden terminar con un buen masaje.

La práctica totalidad de los albergues de Merzouga varias decenas, la mayoría administrados por antiguos nómadas- proponen ahora la arenoterapia.

Tiene la ventaja de que la temporada alta coincide con el verano, cuando el sol es más fuerte, al contrario de otras actividades turísticas.

Este turismo sanitario procedente tanto de Marruecos como del extranjero, beneficia también a otros comerciantes. "Nos permite hacerles descubrir otros productos", dice Ali, que vende leche de camella, una bebida, según él, con muchas propiedades para la salud: "desde la diabetes hasta la anemia pasando por las enfermedades digestivas", asegura.

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