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Antonio de la Torre, el otro Antonio del cine español

Animal político en "El Reino" o exconvicto en "Tarde para la ira": a través de acertadas interpretaciones de personajes complejos, Antonio de la Torre se ha consolidado en diez años como uno de los actores estrella del cine español.

"Una de las cosas que me gusta de mi oficio es la posibilidad, casi infinita, de investigar el ser humano", confiesa el actor de 52 años en una entrevista con la AFP.

De paso por París para la promoción de su último filme, "Una vida secreta", en el que encarna a Higinio, un republicano español obligado a esconderse en su casa durante 30 años para escapar a la represión franquista, el actor plantea de inmediato el debate: Higinio es "un hombre que sobrevive, y que el espectador verá como un héroe o un cobarde".

Pero es precisamente la ambivalencia de sus personajes lo que ama este actor, que no cree en la figura del bien y del mal. "El ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Desde este punto de vista, lo más interesante es tratar de entender. De nada sirve juzgar", explica.

Este gusto por la complejidad le llevó a dar vida a personajes torturados, llenos de contradicciones, a los que encarna maravillosamente gracias a su presencia carismática en la pantalla, a veces casi animal.

Como en la película "Caníbal" (2013), donde se mete en la piel de un sastre que resulta ser un asesino con una monomanía particular: se come el cuerpo de sus víctimas. O en la comedia dramática de Alex de la Iglesia, "Balada triste de trompeta" (2010), donde interpreta a un payaso, vil, pero dispuesto a todo por el amor de una mujer.

Nacido en una familia modesta de Málaga (Andalucía, sur), la pasión por la interpretación la sintió con 11 años con el descubrimiento de un grupo de teatro. "Me pareció la Comédie Française. Era increíble", recuerda.

Al crecer, optó por el periodismo, que dejará definitivamente con 40 años, cuando su carrera de actor comienza a despegar.

En 2007 se alzó con su primer Goya a mejor actor por su rol en "Azul oscuro casi negro" (2006), lo que le abre definitivamente las puertas de la profesión. "De repente todo el mundo empezó a llamarme. Me cambió la vida", reconoce.

Pero fue "El Reino" (2018), del director Rodrigo Sorogoyen, la que le consagró: en España, la cinta se llevó siete Goya, incluido el de mejor actor para de la Torre por su papel de un político corrupto, pero también en el extranjero, en especial en Francia, donde la película recibe el aplauso de la crítica.

Con sus 14 nominaciones a los Goya, se ha convertido en el intérprete español con más nominaciones de la historia de estos premios.

A pesar del éxito de público y crítica de sus películas, de la Torre asegura que ha mantenido los pies en la tierra: "Tener una carrera es una suerte. En España, solo el 8% de los actores vivimos de esto".

"Esto lo he dicho varias veces: mi carrera ha explotado cuando tenía cuarenta años pero porque soy un hombre. Si hubiera sido una mujer, hubiera sido mucho más difícil", asevera.

Quien se define a sí mismo como "un republicano de izquierdas", conserva una mirada crítica sobre su país. "En España tenemos une democracia por suerte, pero esta cultura franquista pervive", y califica de "anomalía española" la manera en la que la guerra civil (1936-1939) y más en general la memoria histórica han sido tratadas.

Respetado por sus compañeros de profesión y disputado por los cineastas, ¿con qué sueña hoy? "Me gustaría mucho rodar en Francia", responde de la Torre, que acaba de terminar un cinta dirigida por Giordano Gderlini, guionista de la francesa "Los Miserables" (2019).

Para el resto, afirma que no quiere correr detrás de los roles y encadenar películas: "La vida es muy limitada y corta y hay que aprender pronto que hay muchas cosas que nunca vas a conseguir".

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