El desfile tuvo participación de modelos canadienses

Agencia AFP

PARÍS (AFP)  Los desfiles de alta costura, donde un vestido puede llevar 2.000 horas de trabajo y costar cientos de miles de dólares, terminaron el jueves con las siluetas unisex del canadiense de origen jordano Rad Hourani y con el desfile del libanés Zuhair Murad, que pasaron el relevo a las impresionantes presentaciones de las casas de "alta joyería".

Chaquetas arquitectónicas, en tres dimensiones, siluetas geométricas y leggings en lana y cuero, acompañando botines, dominaron la pasarela para la próxima temporada otoñal e invernal de Hourani, que se celebró en los hermosos jardines de la embajada de Canadá en París.

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La pieza estrella de este desfile -todo en negro y blanco- fue un abrigo unisex transformable, que puede convertirse en una chaqueta, en un traje, en una falda y hasta en una mochila.

"Mi inspiración es lo que a mí me gusta vestir", dijo el diseñador de 31 años, que creó su línea en 2007 y presentó su primera colección Rad Hourani Alta Costura en julio del año pasado.

"Me encanta la alta costura, porque es un verdadero desafío. Es muy compleja, hay que pensar y balancear cada detalle, y cada puntada tiene que ser perfecta, precisa, tanto por dentro como por fuera", agregó el modista nacido en Jordania en 1982, cuyos clientes se hallan sobre todo en Asia.

"El mercado asiático es maravilloso, mis clientes son muy fieles. Pero el mercado europeo y el de Norteamérica se están abriendo cada vez más", se congratuló el creador, que contó que traza sus diseños en la noche, en lo oscuro, poco antes de dormirse.

"Mi cerebro trabaja entonces como una computadora que yo hubiera programado para ponerse en marcha a esa hora, recogiendo mis ideas, observaciones, emociones", dijo Hourani, que se describió como "alguien a quien le gusta definir lo indefinido", y que está "en contra de todo lo que pueda separar a la gente, ya sea sexo, color, edad, raza".

"Ese es mi mensaje, y lo hago a través de la ropa. Pero no me considero un modista", dijo el creador, señalando que le gusta expresarse mediante otros medios, como el cine y la fotografía.

El último desfile de esta temporada fue el de Zuhair Murad, que fundó su casa en Beirut en 1997 y que viste a estrellas como Jennifer López, Beyoncé Knowles y Kylie Minogue, que lucen sus creaciones en las alfombras rojas del mundo.

El diseñador imaginó "el sueño de una joven transportada en un bosque glacial", ofreciendo una colección en claro oscuro, con trajes en seda, encaje y tul, que reflejaban la luna o las ramas desnudas de un árbol, y capas en plumas de avestruz.

Antes, el indonesio Didit Hediprasetyo, que ha recibido varias distinciones internacionales y cuyo nombre suena insistentemente en los labios de estilistas de varios continentes, presentó una colección que pone en valor el cuerpo de la mujer, con piezas sofisticadas y al mismo tiempo elegantes y sobrias.

La presentación, al margen de las pasarelas oficiales, propuso vestidos en materiales suaves, como jersey, en tonos negro, gris metálico y azul marino, de líneas depuradas y al mismo tiempo atrevidas.

Tras esos desfiles, la "alta joyería" tomó el relevo, con presentaciones de las grandes casas, entre ellas Chanel, Chaumet y Van Cleef & Arpels, instaladas en la hermosa Plaza Vendôme.

Impactado por la crisis financiera, que les supuso una fuerte caída de sus ventas, esas casas tienen desde hace unos años su mirada puesta en las nuevas fortunas de los países emergentes, como China, Oriente Medio y Brasil.

Son esos nuevos afortunados quienes pueden ofrecerse un anillo ejecutado con esmeraldas de Colombia, que ofrece Van Cleef & Arpels, o el "Majestuoso collar multicolor" de Dior, que requirió seis meses de trabajo y que está a la venta en esa casa por 560.000 euros.

Y es quizá uno de ellos quien pagó, en junio en Venecia, 3,3 millones de euros por la pieza estrella de la última colección de Chanel, titulada "Bajo el signo del león".

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