Foto/AFP

Agencia EFE

París (EFE) Como si de un puzzle se tratara, las piezas se integraron hoy en sintonía de diferentes colores en la colecciones de Valentino y de Alexander McQueen, en la penúltima jornada de la Semana de la Moda de París.

Valentino atrapó la herencia mediterránea con unos diseños que intercalaron las formas geométricas con los motivos florales, en una lluvia ordenada de color que transmitió la energía de la cultura y de la naturaleza.

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Los directores creativos de la firma, Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli, concibieron una delicada colección de prêt-à-porter para la próxima primavera-verano que supo medir la paleta y ensamblar las piezas.

En un espacio efímero instalado en los jardines de las Tullerías, la marca italiana configuró prendas con brocados y "patchwork" sobre una base negra, en una melodía azul, rosa y amarillo.

Los chalecos y abrigos estructurados respiraron aires étnicos y los vestidos de cuello cerrado y cintura ajustada modernizaron la historia.

Las sandalias planas y las alpargatas anudadas al tobillo fueron las propuestas para el pie de Valentino, que ensalzó con apliques dorados y combinó con unos collares de formas inesperadas como las langostas.

Alexander McQueen instaló su pasarela sobre una retícula que se transfirió a unos modelos que reivindicaron los colores de la bandera del Reino Unido: rojo, azul y blanco.

Las tiras atravesaron un cuerpo de cuello cubierto, apretado con cinturón, en una estética dura que encontró la suavidad en su versión con plumas de cabaré o de avestruz.

En sencillo guipur o en rejilla trabajada, los volantes se sobrepusieron a unos "leggings" de la misma estirpe, mientras que en otros conjuntos el vientre quedó al descubierto bajo mínimos "tops".

La diseñadora portuguesa Fatima Lopes había abierto la jornada de desfiles con una colección fundamentalmente blanca, estival, de lino, seda o encaje, que presentó en una galería del Hotel de los Inválidos.

La monotonía quedó excluida por el contraste entre el mate y el brillante, la transparencia y la opacidad, las diferentes longitudes y texturas.

Los zapatos desconcertaron -y desconcentraron- al público por su forma que, como experimento, se demostró poco funcional y poco respetuosa de la movilidad de la mujer.

Se trataba únicamente de un tacón, anudado al tobillo, que sostenía con dificultad el talón y dejaba que el antepié pisara directamente el suelo.

Las formas geométricas, como triángulos o cuadrados, articularon los cuellos y los hombros en una composición de aires futuristas, mientras que los plisados ligeros de los vestidos largos o de cóctel se acercaron al mundo griego.

La firma Shiatzy Chen, fundada en 1978 en Taipei, desfiló con una colección de pinceladas y tejidos en colores estivales como el naranja, el rojo chino, el celeste, el rosa palo, el amarillo imperial y el verde agua.

Su diseñadora, Wang Chen Tsai-Hsia, deconstruyó las líneas de los vanguardistas Pablo Picasso y Piet Mondrian en un intento por fusionar Oriente y Occidente.

"(La obra de Picasso) Se parece al estilo de las máscaras de la ópera china, por sus ojos y sus narices", justificó en declaraciones a EFE la creadora, quien dibujó estas partes del cuerpo en sus prendas de seda, de transparencias y "patchwork".

La creadora holandesa Iris Van Herpen ingresó en el calendario oficial de la Semana de la Moda con una colección sonora. Esta pionera, que suele producir algunos de sus diseños o apliques con una impresora en 3D, pasó a una nueva etapa de su ingenio al crear prendas que emiten notas musicales cuando se tocan.

Agnès B. atravesó el riguroso gris para llegar al voluminoso color africano, pasando por los monos de mecánico y los estampados de flores, en un desfile que celebró en el Palacio de Tokio de la capital francesa.

Otra de las colecciones destacadas fue la del diseñador ruso Valentin Yudashkin, que brilló en azul eléctrico, amarillo sosegado, plata y trazos cobrizos con unas prendas de hombros puntiagudos y escotes pronunciados.

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