AFP

RÍO DE JANEIRO (AFP). Unos 250 manifestantes opuestos a la Copa del Mundo marchaban hacia el estadio Maracaná poco antes de la final del torneo entre Alemania y Argentina, y al día siguiente del arresto de 19 activistas por parte de la policía.

La policía lanzó gas pimienta contra un grupo de manifestantes que intentó pasar la barrera policial para acercarse al estadio, constató un periodista de la AFP.

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Con pancartas que leían "Liberen a los presos", "Protesta no es crimen", "Llámame Neymar y cuida mi salud" o "Fuck FIFA", los manifestantes se reunieron primero en una plaza del barrio popular de Tijuca, cerca del legendario estadio donde comenzará la final a las 16h00 (19h00 GMT).

Rodeados por casi la misma cantidad de periodistas y un número muy superior de policías, comenzaron a marchar hacia el estadio, pero fueron bloqueados por las fuerzas del orden.

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"Estamos contra la Copa por la forma en que ha sido realizada. Se ha tornado un instrumento para centralizar la riqueza, de desigualdad social y también de represión del Estado", dijo a la AFP el manifestante Mauricio Mileo, del movimiento social Colectivo Marxista.

"Es tan grande el aparato policial que cualquier acción es casi imposible. Nos sumamos a las organizaciones sociales para pedir que liberen a los que fueron presos y respeten el habeas corpus", dijo.

Un total de 26.000 policías y soldados garantizan este domingo la seguridad en Rio de Janeiro, en el mayor dispositivo en la historia de Brasil.

La policía brasileña detuvo el sábado a 19 activistas acusados de vandalismo en Rio de Janeiro durante las manifestaciones de los últimos meses, y busca a otros nueve que están "prófugos".

Según la policía, los manifestantes pretendían realizar acciones violentas el sábado o este domingo.

Sobre los detenidos pesa un mandato de prisión preventiva de cinco días y pueden enfrentar una pena de hasta tres años de cárcel por el cargo de pertenencia a grupo armado.

Una histórica ola de manifestaciones sacudió Brasil durante la Copa Confederaciones-2013, contra el coste del Mundial a los contribuyentes brasileños, estimado en unos 11.000 millones de dólares, y el deficiente estado de los servicios públicos.

Desde que comenzó la competición, no obstante, el número y la intensidad de las manifestaciones fue muy reducido.

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